Autor: Vicente Sobrino

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Vicente Sobrino

Vicente Sobrino

Nació en Valencia en 1950. De 1993, sigue en la actualidad en formato digital. Diario “El País”. De 2002, sigue en la actualidad. Corresponsal taurino en la Comunitat Valenciana. Ha escrito los libros “Memoria de Luces”, trilogía, historia de la plaza de toros de Valencia (1857 a 2000). “Antología poética de Rafael Duyos”, semblanza biográfica, (Diputación de Valencia, 2009); Colección “Mestres/Maestros” (Diputación de Valencias), seis volúmenes sobre las figuras del toreo valenciano, junto a Pepe Luis Benlloch. “El espacio y sus personajes” (Diputación de Valencia, 1997), multidisciplinar; “150 años de la plaza de toros de Valencia” (Diputación de Valencia, 2009), multidisciplinar; “Manuel Granero, una leyenda” (Diputación de Valencia, catálogo 2022, con motivo de la exposición del mismo título de la que fue comisario. “Historia de la Feria taurina de Fallas” (Diputación de Valencia / Avance Taurino, catálogo, 2014), exposición comisariada junto a Paco Delgado; “25 años de Avance Taurino” (Avance de Publicidad). “La huella escrita”, 40 años de periodismo taurino (Avance de Publicidad). Artículos y colaboraciones en distintas publicaciones de ámbito público y privado, libros de fiestas (Libro Oficial de la Semana Santa Marinera de Valencia), etc. Charlas, coloquios, conferencias, mesas redondas, en distintos puntos de la geografía española. Presentador de eventos: conciertos de música y otros. Autor de diversos prólogos de libros de temática variada. Miembro asociado de la Unió de Periodistes Valencians, con el número 123.

Por estas Fallas que hay terminan han pasado las cuatro estaciones. Y cada una haciendo honor a su circunstancia. Comenzamos por el Otoño, seguimos con Primavera, luego vino el Verano y ayer asomó el Invierno. Y, claro, con tanto cambio climático (por cierto he leído por ahí que eso del cambio climático es un cuento, un invento para seguir mareando la perdíz) lo normal es que los resfriados hagan su aparición. Ayer, por ejemplo, después de venir de una jornada tan calurosa como la del domingo, hubo gente que se vino a los toros en chalequito, en mangas de camisa, y antes de llegar al tercer toro ya se estaban quejando. Hay que ver con el tiempo, con el clima...todo parece como si algún caprichoso tuviera poder para mover los hilos y desorientar al personal. Las cuatro estaciones...si al menos hubiera aparecido Vivaldi. Pero, no. No ha venido...ni se le espera. La ciudad sigue siendo un caos en todos los sentidos (no me quejo, constato una realidad) y huele a aceite requemado con tantas churrerías que por doquier se acumulan (ya lo dije hace unos días). "Es que son Fallas", me contestan siempre (que no me quejo...hombre!!!) y parece que hay que aguantar carros, carretas y carretillas. Pues en eso estamos. Creía haber descubierto un salvoconducto especial para llegar a casa todas las noches tras salir de la emisora: salir por la calle Hospital, atravesar Guillém de Castro e ir a parar a Fernando El Católico para coger el 92. …

Ayer descubrimos el cuarto jueves del año, para añadir al Jueves Santo, Corpus Christie y el Día de la Ascensión que eran, hasta ahora, los que relucían más que el sol. Pero ayer, digo, apareciò el cuarto jueves del año. Nunca se había visto una calva tan reluciente, tan brillante, tan espejo, como la del paisano que se sentó bajo el palco de prensa. Nunca; nunca. Vaya calva!!! Como si le hubieran dado lustre antes de salir de casa. Tanto, que aún en la sombra la mirabas y sus reflejos cegaban los ojos de los que contemplábamos aquello que más que una calva parecía una bola de billar. Vaya calva, señores!!! Y como hasta el quinto toro los bostezos habían sido las únicas manifestaciones del tendido, contemplar aquella maravilla fue como resucitar del letargo. Ya sabéis a partir de ahora: cuatro jueves hay en el año que relucen más que el sol, Jueves Santo, Corpus Christie, el Día de la Ascensión y la calva del aquél señor. Si os cuento la odisea de atravesar todos los dìas Guillém de Castro camino de la emisora, entro en un estado claustrofóbico sin retorno. Mejor, no. Pero con permiso de mis amigos "granotas", los xotos estamos de felicitaciones este 18 de marzo. Cumplimos 100 años, que no es cosa baladí. Amunt!!! Y salut!!!

Estos días es fácil encontrarte, en cada calle, en cada plazoleta, en cada esquina...casi en todos los sitios, con los que creo llaman "mimos callejeros". Los hay de todo tipo y condición. Algunos, de pena. Otros, en verdad os digo, que vale la pena quedarse a mirarlos un rato por su figuraciòn física e incluso, en algunos que actúan por grupos, la composiciòn tan increible que montan. Ayer, casi en la misma puerta grande de la plaza de toros había una composición de tres individuos que aún me estoy preguntando de qué manera mantenían el equilibrio. No estaban uno soportando el peso del otro, es que apenas se rozaban los tres y los tres parecían como flotar en el aire. No sé de qué iban vestidos, me dijeron que de una de esas pelìculas de ciencia-ficción tan a la moda, pero no me acuerdo del nombre tan raro. Lo que sí sé, es que aquello me pareciò un espectáculo de enorme mérito. Alguíen, sería el listo de la clase, comentò que aquello tenía su truco...vaya hombre, mi gozo en un pozo. Pero ni quiero saber ni me importa si había truco. Me quedo con la escena de ilusión que desprendía aquella terna de mimos. Eso fue al llegar a la plaza. Al salir, en medio de una multitud, alcé la vista para ver si todavía estaban: sí. Pude verlos aunque de lejos. Allí permanecían. Unos artistas. Los "mimos callejeros" abundan estos dìa, lo he dicho, como también proliferan las churrerías …

Llevamos casi una semana de feria taurina fallera y aún no ha aparecido la doña de los buñuelos; la de todos los años. La que no acaba de convencerse que uno también tiene su corazoncito y que, al igual que el resto de la tropa, no le vendría mal un par de tan suculento manjar. Sobre todo en tardes como la de ayer, en que a la hora de corrida ya te duele todo el cuerpo. Las piernas se duermen, las posaderas lo mismo, y la cabeza se te va lejos del mundanal ruido de una tarde de toros. Ayer, más o menos, eso pasó. A pesar de la puerta grande y, posiblemente, de algunas crónicas maquilladoras de la realidad. Pero en eso estamos, que la doña no aparece y me tiene preocupado. Uno estaba ilusionado con que este año se acordaría del menda, pero no sé...igual no se acuerda de nadie y nadie es nadie...o "naide", como decía El Guerra. Pero, mirad por donde, a la vera del palco de prensa hay un personaje que ya se ha hecho amigo de la peña. Se llama Javier y vaya merendola que se trae todas las tardes a la plaza. Esto era antes moneda de curso corriente cuando llegaba la Feria de Julio, pero no en Fallas. Pues bien, Javier, además de servirse a gusto cada tarde, tiene tambien otro gusto: traer un paquete de galletas de chocolate para repartir entre la canallesca más allegada o cercana a su localidad. Se …

La vida está llena de tópicos y topicazos. Y no confundir unos con otros. Un tópico no es más que una verdad repetida cien veces. Un topicazo es el sentido peyorativo del tópico. Y entre unos y otros nos movemos cada día  de la semana, cada semana de cada mes, cada mes de cada año y cada año de nuestra vida.

La ciudad todavía duermevela estos dìas. No se ha despertado aún el gigante de las Fallas y las noches son plácidas. Ayer, tras el programa de radio, me di un paseo por toda la Avenida del Oeste, Xátiva, Convento Jerusalén y Gran Vía. Un placer. Un gusto...que el gusto es mío. Calles tranquilas. Temperatura ideal. Una sensaciòn de paz que, por momentos, me parecía irreal dada la cercanía del "monstruo" fallero que se avecina. En el paseo me encontré de bruces con la plantà de Convento Jerusalén. Allí, en la esquina de la farmacia, me mantuve quieto y absorto durante unos minutos viendo a los operarios, con sus grúas, que trataban de levantar la imponente obra. Ni un grito; ni un mal gesto. Todo era cuestiòn de tranquilidad, de trabajar como si la cosa fuera sencilla. Entre los pocos espectadores de tan curiosa escena, había una pareja (hombre y mujer o mujer y hombre, para que nadie se sienta menoscabado), que también contemplaban la cosa. Pero ninguno de los dos parecía metido en la cuestiòn. Estaban más por las carantoñas que por fijar su atenciòn en aquella maravillosa maniobra fallera. Hasta que ella, en tono "ordeno y mando" soltò un "vamos a por chocolate y churros", y se acabó su presencia. Lo vi alejarse, abrochados de arriba a abajo, en busca de los churros y el chocolate. No sé, en verdad os digo, si el chocolate y los churros hacìan referencia a otras cuestiones. No sé...ni me importa. La salida …

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