Por estas Fallas que hay terminan han pasado las cuatro estaciones. Y cada una haciendo honor a su circunstancia. Comenzamos por el Otoño, seguimos con Primavera, luego vino el Verano y ayer asomó el Invierno. Y, claro, con tanto cambio climático (por cierto he leído por ahí que eso del cambio climático es un cuento, un invento para seguir mareando la perdíz) lo normal es que los resfriados hagan su aparición. Ayer, por ejemplo, después de venir de una jornada tan calurosa como la del domingo, hubo gente que se vino a los toros en chalequito, en mangas de camisa, y antes de llegar al tercer toro ya se estaban quejando. Hay que ver con el tiempo, con el clima...todo parece como si algún caprichoso tuviera poder para mover los hilos y desorientar al personal. Las cuatro estaciones...si al menos hubiera aparecido Vivaldi. Pero, no. No ha venido...ni se le espera. La ciudad sigue siendo un caos en todos los sentidos (no me quejo, constato una realidad) y huele a aceite requemado con tantas churrerías que por doquier se acumulan (ya lo dije hace unos días). "Es que son Fallas", me contestan siempre (que no me quejo...hombre!!!) y parece que hay que aguantar carros, carretas y carretillas. Pues en eso estamos. Creía haber descubierto un salvoconducto especial para llegar a casa todas las noches tras salir de la emisora: salir por la calle Hospital, atravesar Guillém de Castro e ir a parar a Fernando El Católico para coger el 92. …





