Si os cuento la odisea de atravesar todos los dìas Guillém de Castro camino de la emisora, entro en un estado claustrofóbico sin retorno. Mejor, no. Pero con permiso de mis amigos “granotas”, los xotos estamos de felicitaciones este 18 de marzo. Cumplimos 100 años, que no es cosa baladí. Amunt!!! Y salut!!!
Ayer descubrimos el cuarto jueves del año, para añadir al Jueves Santo, Corpus Christie y el Día de la Ascensión que eran, hasta ahora, los que relucían más que el sol. Pero ayer, digo, apareciò el cuarto jueves del año. Nunca se había visto una calva tan reluciente, tan brillante, tan espejo, como la del paisano que se sentó bajo el palco de prensa. Nunca; nunca. Vaya calva!!! Como si le hubieran dado lustre antes de salir de casa. Tanto, que aún en la sombra la mirabas y sus reflejos cegaban los ojos de los que contemplábamos aquello que más que una calva parecía una bola de billar. Vaya calva, señores!!! Y como hasta el quinto toro los bostezos habían sido las únicas manifestaciones del tendido, contemplar aquella maravilla fue como resucitar del letargo. Ya sabéis a partir de ahora: cuatro jueves hay en el año que relucen más que el sol, Jueves Santo, Corpus Christie, el Día de la Ascensión y la calva del aquél señor.









