¡Vivan los toros! La verdad es que el día de hoy lo quería dedicar a descansar, después de unas jornadas intensas de trabajo, de esas que te reconcilian contigo mismo y tu capacidad personal y profesional, de las que te hacen sentir el zarpazo de la responsabilidad por coherencia entre lo que sientes, piensas y predicas. Por un sentido de la ética que está instalado en el ADN de aquellas personas que entienden que para avanzar hay que enfrentarse a la vida, a los miedos y abandonar las zonas de confort para abrir caminos, sobre sendas peligrosas, que diría Loud Red, para que otros avancen sin tener que desbrozar el camino. Como decía, sólo deseaba descansar y salí de buena mañana a caminar por los caminos de la huerta y los naranjos, que aún sin estar en flor despiden un leve aroma a azahar de vida. De una vida que empieza a no ser rentable y comienza a desaparecer paulatinamente ante otras plantaciones mas lucrativas; cosas de la vida y de la adaptación a los tiempos que no saben de poesía ni de románticas metáforas entorno a los olores sutiles, planos o profundos. Descanso obligado y reflexivo que me impone la paz que busca el espíritu alterado por la turbulencia inquieta de la creatividad buscada para alterar las cosas que pretendo sean de otra manera, para crecer, para hacer algo que no me lleve directamente a lo anteriormente explorado y anquilosado. Descansando de ideas estaba hasta que me crucé con …






