Me encontré con Álvaro Lorenzo en la primavera de 2015, en Aranjuez, el era todavía un novillero de buen corte, novillero que venía siendo apoderado, y en cierto modo protegido, por el clan Lozano: Lo tuve muy claro enseguida, lo que había visto era que tenía fondo de torero con formas muy camperas, muy trabajado en el laboratorio del campo y apariencia de fragilidad, me recordaba a toreros de algunas décadas anteriores en sus formas; A los Robles, Dominguez, Manzanares, incluso, sin querer ser irreverente, a El Viti.






