El fundador de la primera escuela de tauromaquia moderna del país, la de Zamora, y después de la “Marcial Lalanda” de Madrid, que falleció en 2011, se habría convertido en centenario el 20 de junio, y de sus enseñanzas bebieron toreros como Yiyo, El Juli, Joselito, Fundi, Luis Miguel Encabo o Cristina Sánchez.
Carmen Toro
El fundador de la primera escuela de tauromaquia moderna en España, la de Zamora, cumpliría 100 años este 20 de junio. Manuel Martínez Molinero fue una especie de hombre del Renacimiento en la Zamora del siglo pasado. Estudió Derecho y Publicidad. Abogado de profesión, también tuvo una agencia de publicidad en Zamora —”dibujaba muy bien”— y fue fundador y presidente de las “Capas Pardas”, entre algunas de las varias cosas que hizo por su ciudad natal, además de fundar aquí la primera escuela de tauromaquia moderna del país en 1964, impulsado por sus primeros alumnos, Ángel Pascual Mezquita —que llegó a tomar la alternativa— y Ángel Moreno “Peresque”.
Felipe Alejandre “Patata” recuerda, por su parte, satisfecho, que fue el segundo alumno que se apuntó a aquel centro de formación de toreros fundado por un zamorano con visión.
Todo surgió a raíz de una conferencia sobre toros que había dado Martínez Molinero en el Casino, del que era socio, aunque no fue torero y ni siquiera llegó a ponerse ante un animal, según recuerdan quienes lo trataron. No le hizo falta debido a lo “muy instruido” que estaba gracias a las lecturas del Cossío y a las de otros muchos libros que tenía en casa.
Ello fue suficiente para que contase con los conocimientos necesarios para enseñar a torear a cerca de medio centenar de jóvenes que, en los años 60, soñaban con ser toreros en Zamora. Y, según recuerdan algunos de aquellos alumnos, también recalaron aquí otros chicos que llegaban desde otras partes del país. Hasta hubo un alemán y un colombiano en la primera escuela de Molinero.
Porque el zamorano se fue después a Madrid y allí fundó, junto con Enrique Martín Arranz—que había sido pupilo en la escuela de Zamora—, la Escuela Taurina de Madrid “Marcial Lalanda”, la primera que estuvo subvencionada por una Administración pública.
“Siempre decía que su aspiración máxima sería ver a tres toreros hacer el paseíllo en Madrid y lo consiguió”, recuerda Felipe Alejandre. Porque por sus manos y por sus enseñanzas pasaron algunos nombres de toreros relevantes de los últimos tiempos, como José Cubero “Yiyo”, Luis Miguel Encabo, José Luis Bote, José Pedro Prados “El Fundi”, José Miguel Arroyo “Joselito”, Julián López “El Juli”,Cristina Sánchez o Miguel Abellán, entre otros muchos.
Tanto los aspirantes a torero que Molinero tuvo en Zamora como los de la Escuela Nacional de Tauromaquia de Madrid tuvieron la oportunidad de aprender de este hombre polifacético e instruido la teoría y la práctica del toreo.
En el caso de Zamora, su propia casa hacía las veces de sede de la Escuela Taurina. Allí, en un ruedo que había dibujado en una pizarra, explicaba a sus alumnos las querencias de los toros, los terrenos, las estocadas, “si eran en su sitio o estaban atravesadas, cómo era el toro por dentro,… lo que nos enseñó mucho fue toda la variedad de quites y lances con el capote y con la muleta”, recordaba Pascual Mezquita. Tal era el empeño por que aquellos jóvenes cumplieran sus deseos de “sueño y oro” que Molinero llegó a tirar un tabique e hizo un salón que era el aula, “quitábamos las sillas y allí toreábamos de salón”.
Y es que sus ya veteranos alumnos destacan de aquel hombre pionero, que llegó a ser una reconocida figura en el ámbito de la tauromaquia, su generosidad y altruismo. “Era tan desprendido, había que conocerlo. Estábamos entrenando en su casa, llegaba algún maletilla con el hato a cuestas, les preguntaba dónde iban a dormir, les daba 100 pesetas que, entonces, la pensión en la calle Los Herreros, donde estaban todas, a lo mejor, les costaba 50 pesetas dormir”, recuerda Alejandre.
“Para los chicos fue una salvación porque nosotros estábamos huérfanos de conocimiento, de ayuda y de todo, éramos chavales jóvenes y no teníamos idea de muchas cosas”, dice Mezquita, mientras que Felipe Alejandre asevera que “fue un segundo padre para nosotros”.
Ambos destacan que, en las clases de Manuel Martínez Molinero, él no sólo les enseñaba teoría y práctica de la tauromaquia, sino “a ser personas”. Incluso, por la Escuela pasaron algunos que no sabían leer y escribir y allí les enseñó. “Era un hombre emprendedor y educado, con mucha educación y saber estar, con clase”, destaca de él Pascual Mezquita.
Molinero también escribió el libro “Cómo debe hacerse un torero”, en cuya portada aparece una foto de su hijo con un vestido de luces que le hizo él mismo, según explica Felipe Alejandre.
Durante la Feria de San Pedro de 2012 —casi un año después de que falleciera a los 86 años—, el mundo taurino rindió un homenaje a Manuel Martínez Molinero en la puerta de cuadrillas de la plaza de toros de Zamora, donde enseñaba a sus alumnos toreo de salón y donde se le descubrió un azulejo por parte de su hijo y en presencia de otros familiares y toreros como Joaquín Bernadó, Tito Guerra o Jesús Pérez “El Madrileño”, además de los zamoranos, entre otros.
“Manuel Martínez Molinero, gran aficionado, fundador de la Escuela Taurina de Zamora y de la Escuela Nacional Taurina de Madrid, como reconocimiento a su labor en pro de la Fiesta Nacional”, reza la placa que le sirvió de homenaje, del que fue impulsor Felipe Alejandre y que se materializó en un acto que presentó el periodista Luis Felipe Delgado de Castro, que glosó la personalidad del homenajeado y pidió que la ciudad de Zamora reconociese sus méritos, no sólo en su labor taurina.
Alejandre recuerda cómo, junto con Delgado, propusieron sin éxito a la entonces alcaldesa que se pusiera su nombre a la calle en la que Molinero, Miembro de Honor del Foro Taurino de Zamora, vivió porque “hizo muchas cosas por la ciudad”.
Reportaje publicado en la edición en papel y digital de LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA del 19 de junio de 2025









