Tauromaquia, un latido que crece

El 16 de mayo vuelve a señalarnos en el calendario una verdad que no admite discusión, la tauromaquia sigue viva. Y no solo viva. Hoy podemos decir, con serenidad y con hechos, que atraviesa un momento de renovada fortaleza.


Antonio Martínez Iniesta

El Día Internacional de la Tauromaquia, impulsado por la Fundación Toro de Lidia en memoria de Joselito el Gallo, no es únicamente una fecha para recordar. Es, cada vez más, una oportunidad para constatar que aquello que algunos quisieron dar por muerto, late con más fuerza que nunca.
Porque la tauromaquia no ha retrocedido. Ha resistido, ha evolucionado y, en muchos lugares, ha crecido. Y uno de esos lugares es, sin duda, Albacete.
Este año celebramos no solo una nueva edición de este día tan señalado, sino también la consolidación de un proyecto colectivo que ya es referencia, la Semana Taurino-Cultural de Albacete. Lo que nació con ilusión se ha convertido en una realidad firme, reconocida y esperada. Una semana que ha situado a nuestra ciudad como punto de encuentro para aficionados, profesionales y defensores de la cultura taurina.
Hoy, Albacete es, con orgullo, capital de la tauromaquia durante esos días. Y lo es porque hay trabajo detrás, compromiso y, sobre todo, una afición viva que responde.
Pero si hay algo que define este momento es otro hecho aún más esperanzador, la juventud.
Frente a los tópicos interesados, cada vez son más los jóvenes que se acercan a la plaza, que sienten la llamada del toro, que descubren en la tauromaquia no solo un espectáculo, sino una emoción profunda, una forma de entender la vida y un vínculo con nuestras raíces.
Esa juventud no llega por imposición. Llega por atracción. Porque la verdad, cuando es auténtica, no necesita propaganda.
Y la tauromaquia lo es.
Vivimos, por tanto, un momento dulce. Un momento que no invita a la complacencia, sino a la responsabilidad. Porque lo que se ha recuperado y fortalecido debe ahora cuidarse, protegerse y proyectarse hacia el futuro.
Defender la tauromaquia hoy no es solo resistir. Es saber explicarla, dignificarla y transmitirla con rigor, con respeto y con convicción. Es entender que estamos ante un patrimonio cultural que exige altura de miras y compromiso firme.
Como he defendido en distintas ocasiones, la tauromaquia no necesita privilegios, pero sí necesita algo imprescindible, responsabilidad en su defensa. Una defensa que no caiga en la confrontación estéril, sino que se base en la verdad de lo que representa: cultura, libertad, identidad y emoción.
Porque el toro no es solo un símbolo. Es un legado.
Y los legados no se heredan sin más, se cuidan, se honran y se transmiten.
En este Día Internacional de la Tauromaquia, miramos atrás con respeto, recordando a quienes nos precedieron. Miramos al presente con orgullo, conscientes de lo que hemos conseguido. Y, sobre todo, miramos al futuro con confianza.
Porque mientras haya una plaza llena, un joven que descubra su primera tarde de toros, o un aficionado que siga emocionándose ante la verdad del ruedo, la tauromaquia seguirá latiendo.
Más que nunca.
¡Viva la cultura!
¡Viva la libertad!
¡Y viva la tauromaquia!