“El buen humor del picador Pinto”
La figura del picador de toros, en la actualidad tan denostada en determinadas ocasiones, antaño tuvo una extraordinaria importancia. Baste decir que en los carteles anunciadores del festejo, los nombres de los picadores figuraban con caracteres más grandes que la de los propios espadas.
Sin embargo, los profesionales siempre le han dado a los picadores la importancia que merecen. Recuerdo que en una feria de la Magdalena de Castellón, el que fuera matador de toros y entonces periodista y crítico taurino, Juanito Posada, se interesó por los picadores de su hijo Antonio Posada, que actuaba en la feria.
El picador Antonio Pinto, nacido en Utrera, fue uno de los de mayor consideración en su tiempo. Jinete de gran fortaleza, buen aprendido oficio y extraordinario caballista.
Figuró durante mucho tiempo en la cuadrilla de El Tato y más tarde pasó a las órdenes de El Gordito.
En una corrida celebrada en Valladolid, la temperatura era fría y el tiempo desapacible.
El aficionado valenciano don Vicente Andrés que seguía a ciertos toreros de la época, se hallaba en una barrera y el picador Pinto le saludó: Buenas tarde don Vicente, vaya una tardecita de frío que nos espera. A ver si con dos o tres porrazos puedo entrar en calor.
La corrida no iba bien, el ganado salió manso y el público se encrespó. Un salvaje del tendido le arrojó a Pinto una botella que le dio en la nuca, afortunadamente sin mayores consecuencias.
Cuando el picador se retiraba, al pasar por delante de la localidad de don Vicente, éste le preguntó: ?Antonio te ha lastimadó el golpe?
Nada, nada, don Vicente, no ve usted que la botella era de cristal.
A Pinto tampoco le faltaba el buen humor.








