Ilusionante actuación de José Román 

Domingo 10 de mayo.

Plaza de toros de Valencia.

Más que aceptable entrada en tarde agradable.

Erales de Valdelapeña,  en general bien presentados y manejables, aunque exigentes y con su punto de temperamento y aspereza. El manso cuarto fue premiado con una sorprendente vuelta al ruedo. 

Manuel León, de la escuela de Badajoz, saludos tras aviso. 

Emilio  Esplegares, de la escuela de Jaén, saludos tras aviso. 

Jorge Escamilla, de la escuela de Valencia, vuelta tras aviso. 

Jesús Herrera, de la escuela de Ciudad Real, oreja tras aviso.

Luis Pizarro, de la escuela de Valencia, oreja tras aviso. José Román, de la escuela de Valencia, oreja. 

Entre las cuadrillas dio una excelente tarde con las banderillas Hugo Masiá e Iker Rodríguez lidió con solvencia y eficacia.  

Presidió Jose Luis Cuerda, asesorado por Carlos de Andrés y Ximo Morales.  

Esplegares fue atendido en la enfermería de contusión en la cadera y traumatismo maxilofacial. 

 


Enrique Amat

 

 

El día de la fiesta mayor de la Virgen de los  Desamparados tuvo lugar una clase práctica con intervención de alumnos de las escuelas de tauromaquia.

Él festejo, con la entrada gratuita para todos los aficionados, registró una muy aceptable entrada, teniendo en cuenta las actividades que había la misma hora relacionadas con la festividad del día.

Se contaba con el aliciente de la lidia de erales de un ganadero valenciano que tiene sus reses en La Carolina. Y la actuación de tres  alumnos de la escuela de tauromaquia de Valencia, junto con otros tres representantes de otros centros.

Una escuela que el pasado martes presentó la memoria de las actividades correspondientes a un intenso y triunfal curso 2025, que se llevaron el cabo bajo la dirección de un claustro de profesores integrados por Toni Gazquez, Víctor Manuel Blazquez y José Manuel Montoliu.

Ahora ya estamos en el ecuador del curso 2026. Y los alumnos pasaban ayer una de sus primeras revalidas.

Los novillos de Valdelapeña, bien presentados y variados de pelaje, se movieron y sirvieron para calibrar las aptitudes del sexteto de actuantes. Con todo,  muy temperamentales y algunos manseando, exigieron mucho y repartieron leña para dar y tomar. Prácticamente todos los novilleros fueron por los aires. Lo que, con todo, tampoco deja de ser un mal aprendizaje.

 Castaño, lombardo y bociblanco el primero, distraído y corretón. Fue y vino, pero protestón, sin entrega y con cierta tendencia a la mansedumbre. Con cuajo y plaza el colorado, ojo de perdiz y bociblanco segundo, un astado exigente y temperamental, áspero, desabrido y que nunca se entregó. Mucho más chico el negro tercero, escaso de cuajo. Pero luego embistió con derechura, se desplazó con fijeza si bien con su punto de temperamento y exigencia, pero dio juego.

El cuarto, castaño, ojo de perdiz, bociblanco y bizco, manso y descastado, se rajó muy pronto y no dejó de buscar el abrigo de las tablas . A pesar de ello, el presidente sacó el pañuelo azul. De traca.

El castaño y listón quinto, distraído y a la defensiva de salida, luego en la muleta exhibió un fondo de bravura. Encastado y con cierto temperamento, metió la cara y embistió, aunque pidió firmeza de manos a su matador. Y el sexto se movió , se desplazó y metió la cara.

Manuel León, de la escuela de Badajoz, plantó cara con disposición y buenas formas al primero. Le pegaron una voltereta que no hizo mella en su decisión. No cesó de intentarlo con sincera entrega a pesar de las dificultades de su oponente, que no terminó de entregarse. Fue seriamente cogido en el epílogo del trasteo.

Emilio  Esplegares, de la escuela de Jaén, resultó aparatosamente volteado al dar el segundo lance. Luego, escaso de oficio, anduvo a la deriva y desbordado ante un oponente que le exigió y le pidió el carnet de profesional.

Jorge Escamilla, de la escuela de Valencia, firmó un espectacular tercio de banderillas, que abrochó con un par al violín citando de rodillas, de gran mérito. Luego puso de manifiesto desparpajo y recursos en una labor algo zaragatera y martingalusta, con sentido de la ligazón y de la comunicación con los tendidos. Falló con las armas toricidas. 

Jesús Herrera, de la escuela de Ciudad Real, se fue la puerta de chiqueros a saludar a su antagonista. Se mostró muy variado con el capote. Menudo de estatura, pero despierto, con sentido de la colocación, de las distancias y del temple. Pisó los terrenos con firmeza y supo buscarle las vueltas a su rajadísimo novillo. No tuvo empacho en meterse en los terrenos de adentro y allí, tratar de arrancarle muletazos pegado a tablas.

Luis Pizarro, de la escuela de Valencia, perfectamente vestido de corto, puso de manifiesto gran voluntad, aunque no terminó de haber maridaje entre torero y novillo. Lo intentó con afanes. Hubo momentos aislados de buen toreo, pero el trasteo no tomó vuelo. Y mató bien. 

José Román, de la escuela de Valencia, firmó un excelente saludo capoteril a su antagonista. Veroniqueó con cadencia, sentimiento y apostura. Y también torería  tuvo su apertura genuflexa de faena, con las dos rodillas en tierra y con muletazos por alto. 

Luego, a pesar de su corta experiencia, asentado y firme, plantó cara con tanta decisión como frescura de ideas y un más que interesante concepto. Actuación tan ilusionante como esperanzadora. En el epílogo del trasteo fue seriamente cogido. Mató de dos pinchazos y una estocada y dejó el albero valenciano sembrado en aromas de esperanza.

Fotos: Mateo y Litugo

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