Pogacar también es humano

Hace unos días finalizó uno de los mas grandes espectáculos del mundo, el Tour de Francia, la más dura competición deportiva que se pueda contemplar sin llegar a los llamados deportes extremos, y en la que ha vuelto a estar en lo  más alto del podium un ciclista que ya entra en la leyenda al ganar esta prueba por cuarta vez. Y con muchas probabilidades de que aumente su palmarés.


Paco Delgado

Efectivamente, Tadej Pogacar -cuyo nombre los cursis, sabelotodo, enterados, sabiondos, repipis y pedantes suelen pronunciar con ch, Pogachar, como si quien les escucha lo hiciese en esloveno-, ha vuelto a inscribir su nombre en la lista de ganadores de esta ronda ciclista que inaugurase el francés Maurice Garin en 1903.
Y aunque ha habido una buena distancia con respecto al segundo, otro magnífico ciclista, el danés Jonas Vingegaard -que aunque ya sabe lo que es ganar el Tour dos veces ha tenido la mala suerte de coincidir en el tiempo con este superdotado-, en esta ocasión Pogacar -un apellido que en castellano suena mucho más potente, sonoro y rotundo- ha demostrado cierta debilidad y no ser realmente imbatible. La última semana de esta Grande Boucle se le ha visto sufrir y ha sido evidente su impotencia para no poder descolgar a sus rivales en cimas que se esperaba que lo hiciese, ganar al menos otra etapa y, sobre todo, no cruzar la meta de París vestido de amarillo como era su propósito.
Pero no por ello se empaña una victoria sufrida y nada fácil, lo que engrandece su triunfo. Ganar contra competidores más débiles o de inferior categoría tiene mucho menos mérito. Está ya a la altura de Chris Froome, supera a monstruos como Bobet, Coppi, Bartali,  Thevenet, Fignon o LeMond y está a tiro de igualar la marca de Anquetil, Merckx, Hinault y nuestro Miguel Induráin. Y sólo tiene 26 añitos. Espectacular
Como espectacular está siendo la campaña que lleva a cabo su sosias -o doppelgängers, que dicen los alemanes, puestos ya en plan marisabidillo-, el torero limeño Andrés Roca Rey, que sigue siendo el más taquillero y de mayor tirón ahora mismo en su escalafón.
Pero, como su doble pedalier, también es humano y en las últimas semanas los resultados no han estado a la altura de sus expectativas y el de julio no se puede decir que haya sido el mejor mes de su carrera. Una trayectoria que acumula ya diez años desde que tomase la alternativa, en Nimes y de manos de Ponce, y en la que ha conseguido ser tenido como el gran referente de su tiempo.
No es un torero exquisito, ni lo pretende, ni un dechado de arte, pese a sus muy buenas maneras, pero es un diestro de un valor sobrehumano -Tardes de soledad lo refleja a la perfección-, una capacidad tremenda y una honradez profesional fuera de toda duda. Lo da todo cada tarde y en cada toro, habiendo sufrido por ello no pocos percances. Siempre se ha sobrepuesto a la adversidad y ha dado la cara en todo momento y ocasión.
Ha sido el que más ha toreado a lo largo de estas últimas temporadas y es normal, lo contrario sería lo raro, que acuse el esfuerzo y haya momentos en los que no pueda descolgar a sus perseguidores -que tampoco tratan de superarle, sino que se conforman con seguir su rueda…-, tratando de recuperar resuello y buenas sensaciones. Que volverán.
Y como a los grandes, le cuelgan sambenitos que no está claro que le correspondan. El último, el supuesto veto a Morante en Santander a cuento de la baja de Cayetano, cuando ha toreado un montón de veces con el de La Puebla y tiene en su agenda otros muchos compromisos con él. Pero cuando se trata de crear confusión y ocasionar daño, parece que todo vale y la mínima ocasión se aprovecha para hacer leña y buscar lectores a cuenta de un titular sensacionalista y amarillento. Ladran, luego se cabalga. Todos somos humanos y, por tanto, sujetos a error. Lo digo por el que lanzó el bulo.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…