La retirada supone un cambio sustancial en la vida de un torero, incluso afectará a los miembros de su cuadrilla, sobre todo a su mozo de espadas.
Manolo González se despidió del toreo el 23 de julio de 1963 en Barcelona.
Me contaba su hijo que llamaban periodistas para saber el nombre del último toro que había matado:
“Antonio Pavón, su mozo de espadas, relataba que mientras mi padre se duchaba, Antonio atendía el telefono, pensando en su futuro como mozo de espadas. La gente preguntaba como se llamaba el último toro que había matado en su vida y Antonio Pavón contestaba: Ruina, se llamaba y lo seguirá siendo, ruina, ruina, para siempre”.