Lo que de verdad cuenta

Roca Rey enloquece a la afición alicantina y sale a hombros tras una tarde pletórica.

Alicante, 21 de junio
Segunda de feria. Lleno.
Toros de Victoriano del Río, el quinto como sobrero y el sexto con el hierro de Cortés; desiguales de presencia y juego.
Manzanares (de azul noche y bronce), ovación y oreja.
Roca Rey (de pistacho y oro), oreja con aviso y oreja y dos vueltas al ruedo tras aviso.
Samuel Navalón (de grosella y oro), ovación tras aviso y oreja con otro aviso.

Paco Delgado

Foto: Verónica Soriano
Con la llegada del verano la feria de Hogueras se fue arriba y la plaza registró un lleno hasta las banderas que deja bien claro que a la gente le gustan los toros y que cuando algo le interesa  se vuelca. Y Roca interesa, claro que interesa. Y Manzanares, que lució un terno bastante peculiar, interesa, sobre todo en su tierra y en Hogueras. Y Navalón, que si nada se tuerce debe terminar siendo figura antes que después.
Con cuatro faroles de rodillas recibió Navalón a su primero, en lo que fue su declaración de intenciones. Y de hinojos abrió su faena. Pero se apagó pronto el toro, que se puso a la espera y acabó echándole mano. No se inmutó y siguió estremeciendo al respetable con un arrimón de infarto que de no haber fallado con el estoque hubiese tenido premio.
Recibió al sexto a portagayola y arrancó el último tercio de rodillas y ganándole pasos a un toro que tuvo su genio y que le fue rebajando con firmeza y mando en una labor tan intensa como dispuesta.
Manseó de salida el segundo, con el que se lució Navalón en su réplica al quite de Roca Rey, que se metió al público en el bolsillo con la media docena de pases cambiados por la espalda con que inició su faena. Y al toro en su muleta a renglón seguido, sometiendo y sacando todo lo que tuvo el animal en una labor contundente y poderosa en la que los circulares finales acabaron entusiasmando al personal.
Se lució al recibir de capa al sobrero que hizo quinto, al que muleteó impasible y pasándoselo muy cerca, exprimiéndole en otro quehacer rotundo y de muy largo metraje para acoplar las muchas partes de que se compuso, acortando progresivamente las distancias hasta terminar metido entre los pitones, siendo recompensado con una única oreja, que luego despreció, ya que el estoque no cayó perfecto.
Manzanares apenas tuvo oponente en el que abrió plaza, muy cómodo y sin apenas fuerza, defendiéndose y echando la cara arriba a cada paso. Y si le bajaba la mano, al suelo. Sólo de cuando en cuando algún muletazo le salió limpio y algún adorno garboso.
El cuarto puso en muy serios apuros a Juan José Trujillo en el segundo tercio. Codicioso y pujante obligó mucho a Manzanares, que anduvo serio y entregado en un trasteo un tanto irregular, llevándose una voltereta al despistarse tras entrar a matar.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…