Deslucida corrida de El Puerto de San Lorenzo.
Las Ventas, 23 de mayo.
Duodécimo festejo de la Feria de San Isidro.
Lleno de ‘No hay billetes’.
Toros de Puerto de San Lorenzo.
Alejandro Talavante, oreja y silencio.
Juan Ortega, silencio y ovación.
Tomás Rufo, silencio y ovación.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Alejandro Talavante cortó una oreja, ganada a pulso, con un poderoso toreo de muleta por la izquierda, que inició citando desde el centro del ruedo, ligando rotundas series, por el mismo pitón, que conectaron plenamente con los tendidos. Juan Ortega brilló con un complejo toro que le exigió y al que el torero respondió con entrega, poniéndose cerca y siendo peligrosamente volteado, cuajando enjundiosos muletazos con su impronta personal. Tomás Rufo echó el resto para hacer embestir con la muleta a un huidizo y manso ejemplar, que fue cambiando constantemente de posición en el albero y terminó en la zona de toriles. Los toros de Puerto de San Lorenzo mansearon, no terminaron de entregarse y tuvieron justeza de fuerzas, salvo el primero con clase y nobleza que terminó yendo a menos.
Frío se mostró en la muleta el primero de Alejandro Talavante. Se entregó en el caballo. Sin probaturas y desde los medios citó con la izquierda acoplándose desde la primera serie llevándolo embebido y desplazándose con clase. Mantuvo el nivel templando y pasándolo con suavidad por el mismo pitón. Cambió al derecho, remató atrás y aunque fueron de calidad tuvieron menor recorrido y acople. Le dio su tiempo entre series para no exigir en demasía. Volvió al izquierdo, el desplazamiento decreció, bajó la mano y cerca de tablas lo pasó con lentitud sin moverse. Mató de estocada arriba. Su segundo embistió descompuesto en la muleta, exhibió escasa fuerza, manseó, quiso irse y blandeó predisponiendo al público en su contra. Fue el único cuatreño. No facilitó la labor.
Juan Ortega tuvo un primero que en la tercera verónica enganchó el capote y continuó sin entregarse. Empujó en varas. En la muleta fue tardo, levantó la cara y tuvo escaso desplazamiento. Se lo pasó por ambos pitones y la falta de entrega del toro no permitió ni lucimiento ni emoción, aunque Juan lo toreó despacio. Su segundo salió suelto y no le permitió estirarse con el capote. Blandeó en varias ocasiones provocando el enfado del público. Tuvo las fuerzas justas y cuando toreó cerca de tablas fue violentamente volteado, teniendo que ser atendido, al finalizar la corrida, de un puntazo con hematoma en el gemelo de la pierna izquierda. Logró reponerse y junto a tablas le dio tres con su especial sello que calaron en los tendidos. En el tercio cuajó una serie importante que no pudo rematar porque el toro se defendió. Por el derecho lo pasó a media altura en tandas cortas con torería. El toro exigió al torero quien tuvo que ponérsela, a veces, en la cara para evitar sustos con el antecedente del levantamiento.
Tomás Rufo saludó con emocionantes verónicas a su primero. Apretó en varas. Embistió a la muleta andando, blandeó, pasó rebrincando, sin transmisión y aunque tuvo nobleza el poco fuelle complicó también su lidia, a pesar de los esfuerzos del torero. En su segundo brindó al público. Inició de rodillas con seis valientes muletazos incorporándose para dar el del desprecio y abrochar con el de pecho. A continuación en tres ocasiones quiso irse impidiéndoselo el torero. Se fue desplazando por diversas zonas del ruedo y consiguió sujetarlo en cada una de ellas. Consiguió una serie meritoria con la izquierda junto a tablas.









