Ha levantado no poco revuelo el anuncio del nombramiento de Vicente Barrera como vicepresidente de la Comunidad Valenciana y conseller de cultura. La izquierda radical ha puesto el grito en el cielo y clama contra lo que consideran una intrusión y un expolio, pues consideran propio e intransferible todo lo que tenga que ver con el asunto cultural.

Paco Delgado
Naturalmente no contemplan ni que tenga esa consideración el tema taurino, una de sus principales banderas, ni que, por supuesto, un torero pueda desempeñar cargos en las mas altas instancias de un país, lo que faltaba.
Pero como claman de oído, vociferan de oficio y actúan al dictado, no pueden entender que la tauromaquia, cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos y tiene un origen ritual y sagrado, al margen de otras mil connotaciones, significados y claves, sea una de las más especiales y genuinas manifestaciones de nuestra cultura y carácter.
Y, claro, tampoco saben que el de Barrera no es el primer caso de un diestro metido a estos menesteres. A principios del siglo XIX Curro Guillén se opuso a la invasión francesa y Antonio Ruiz “El Sombrerero” y Juan León se convirtieron en rivales encarnizados, tanto en la plaza como fuera de ella, a causa de sus opuestas ideas políticas, pues El Sombrerero fue absolutista y León profesó ideas liberales.
Con el paso del tiempo, Luis Mazzantini fue concejal en el Ayuntamiento de Madrid, teniente de alcalde, miembro de la Diputación Provincial y gobernador civil de las provincias de Guadalajara y de Ávila.
Melchor Rodríguez debutó como novillero en Sanlúcar de Barrameda en 1913 y el 4 de agosto de 1918 se presentó en la plaza de toros de la Puerta de Alcalá de Madrid, donde sufrió una grave cogida. Tras su retirada, en 1921, y pasar por distintas asociaciones sindicalistas, fue nombrado Delegado Especial de Prisiones de Madrid y posteriormente Delegado General de Prisiones del Gobierno republicano, desarrollando una destacada labor frenando ejecuciones sumarísimas, lo que le valió ser conocido por sus contrarios como “el ángel rojo”. A él se atribuye la famosa máxima “Se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas”, frase por la que ya hubiese merecido pasar a la historia.
También tuvo inquietudes políticas -¿de qué tipo no tuvo?- Ignacio Sánchez Mejías, y durante la Segunda República fue, entre otas muchas cosas, presidente de la Cruz Roja de Sevilla; un incidente con Indalecio Prieto condicionó su entrada en la política… y su actuación en Manzanares en agosto de 1934 lo impidió definitivamente.
El mejicano Silverio Pérez fue alcalde de Texcoco. Álvaro Domecq y Díez lo fue de Jerez y presidente de la Diputación de Cádiz y hasta el dirigente independentista vasco Jon Idígoras actuó vestido de luces como Chiquito de Amorebieta. Es famosa la anécdota de Juan Belmonte y su subalterno, que llegó a ser alcalde de su pueblo “degenerando, degenerando”. Pero fue la excepción; la mayoría de los de coleta que han tocado la cosa política han tenido preparación y, sobre todo, cabeza. Roberto Espinosa, novillero y luego prestigioso empresario -lo fue de plazas como Valencia, Nimes, Castellón o Las Ventas- y apoderado, llegó a ser concejal de Figueras y hasta Julio Robles fue alcalde de Ahigar de los Aceiteros en las elecciones de 1977 representando a UCD. Manuel de Paz fue durante mucho tiempo concejal del Ayuntamiento de Albacete y tuvo cargo en el Ministerio de Trabajo y José Luis Moreno concejal de Córdoba.
Más modernos son los casos de Miguel Abellán y Salvador Vega, que figuraron en las listas del PP por Madrid y Málaga respectivamente, su colega Serafín Marín fue candidato de Vox por Barcelona y el banderillero Pablo Ciprés ocupó el número uno de la lista de Vox por Huesca.
Llega ahora Vicente Barrera, hombre de sólida formación y educación, licenciado en Derecho, con un máster en Derecho Anglosajón, miembro del Consejo de Administración de una importante empresa vitivinícola, ligado al mundo empresarial por lazos familiares, viajado, leído, comprometido con su tierra y sus costumbres, a las que ha defendido con uñas y dientes siendo militante de base… y se lía el dos de mayo. Que yo recuerde nadie armó tanto alboroto -y hubiese habido motivos- cuando una semi analfabeta llegó a dirigir un Ministerio y ser vicepresidenta del Gobierno. Ni cuando a alguien que no acabó el bachillerato, ni se le conoce curro alguno -como a tantos y tantos de la nueva clase dirigente- le hicieron Ministro de Cultura. Nada menos. Ladran, luego cabalgamos.









