Antitaurinos con traje y corbata

Por libro de estilo propio, quien suscribe apenas concede espacio a los antitaurinos. Cansan, aburren, conocemos sus máscaras y lo que hay detrás de ellas. Demasiada violencia, incultura, desprecio a quien piensa y siente diferente e ignorancia a raudales. Detrás del corderito ecologista y chupi está la intolerancia y el gran negocio del lobo.

En demasiados medios taurinos pierden -hoy nosotros, que conste- mucha energía con ellos. El toreo y la tauromaquia tienen infinitos prismas para descubrir como para desperdiciar tiempo con quienes nos niegan sistemáticamente. Y más que negar -ojo, que es legítimo y lícito- nos insultan y nos agreden desde la supuesta superioridad moral. El gatito-perrito como icono y oquedad de su doctrina.

En nuestras propias carnes hemos sufrido el insulto por el mero hecho de acudir a una corrida de toros. No le gusta, no vaya. Respete un espectáculo que es legal (y grandioso), paga sus impuestos y genera muchísima riqueza. El insulto y la agresividad aún me hace admirar más la nobleza del toro hasta en los trances de su muerte, necesaria para el rito sacrificial y para la supervivencia de su especie. “Quiero correrme en una Fiesta de arte y muerte”, dijo Andrés Calamaro, compositor, rockero, argentino y taurino hasta la médula en un plató de La Sexta con Buenafuente delante. Con más pasión, más verdad y más cojones defiende la Fiesta este argentino que muchos españolitos juntos.

En realidad, ser aficionado a los toros es uno de los privilegios que nos puede dar la vida. Quien lo es y lo siente lo entiende. Quien no, no imagina nuestra fe antropocentrista. En general, el discurso anti sabe poco o nada del toro. Les viene justo saber que el toro tiene cuatro patas y dos cuernos. Ignoran al toro de lidia, su especie, su diversidad, su ecosistema, su riqueza genética, su aportación a la zootecnia universal, como dijo el ilustre veterinario Cesáreo Sáenz Egaña. El caso es que a las puertas de una plaza de toros me han llamado asesino, hijo de puta o fascista. En Valencia, Bilbao, Barcelona, Zaragoza, Málaga… Pues eso, que somos violentos y sanguinarios.

Desde que tengo uso de razón, que me llegó más tarde que la afición por los toros, jamás he visto violencia en una plaza. Jamás es nunca. Y conste que en un espectáculo de masas como es el toreo seguro que se colarán cafres. En todas partes cuecen habas. Nunca me han cacheado para acceder a una plaza, nunca he visto lanzar bengalas en un tendido, nunca he visto agresiones, ni detenciones, ni navajazos entre los aficionados, nunca he visto cerrar una plaza de toros por altercado público o violencia manifiesta, nunca he visto a los agentes acordonar a los aficionados o a una peña taurina…

Los toreros acceden a la plaza, sin vallas de seguridad aunque a veces con policía y escoltados por los hombres de plata o azabache, entre una muchedumbre que se agolpa entre la admiración, el respeto y la devoción. Nunca he visto una presencia policial sospechosa a no ser que haya manifestación de antitaurinos en nuestras mismas narices, nunca he visto peleas entre devotos de uno u otro torero. Nunca he leído sobre palizas al presidente del festejo, juez de plaza lo denominan en tierras aztecas. Nunca he oído corear insultos a los toreros ni mentar a sus madres. Nunca he visto lo que pasa casi todos los domingos en muchos estadios de fútbol del mundo. Esa violencia aparece en prime time en los telediarios que censuran el toreo en horario infantil, matinal, vespertino y nocturno. En televisiones públicas -qué vergüenza lo de TVE y qué cómplice el silencio del sector- o privadas.

Hablando de balompié, nunca he visto los tratos de favor al toreo con que las administraciones públicas han tratado al fútbol. Llámenlo publicidad, patrocinios o pelotazos urbanísticos. Más bien todo lo contrario. El toreo apenas existe en los telediarios de TVE, la tele de todos dicen… Lo mismo ocurría con Canal 9 cuando Podemos ni existía. Qué gestión tan nefasta con el toro. Más bien, contra el toro. Estoy convencido de que son más nocivos los antitaurinos con traje y corbata que dicen defendernos y que deciden en los despachos que los que se manifiestan vociferando en la calle.

Al menos, en EL MUNDO fuimos de los pocos por no decir los únicos que censuramos el desprecio y la marginación de la tele de tots el valencians -yo debo ser vasco- con la Fiesta. Canal 9 jamás tuvo un programa de bous al carrer. Antes del cierre, lo primero que se cargaron fueron los toros. Exactamente, el programa taurino, que nunca estuvo en la parrilla del primer canal, y las retransmisiones de las corridas.
Más allá de la audiencia del programa, que era ínfima según me dijo un diputado del PP, si el toreo se quería declarar como Bien de Interés Cultural lo lógico es que hubiera tenido cabida y mejor trato en la tele que manejaba y manipulaba burdamente el PP. A Enrique Ponce jamás le dedicaron un reportaje o un monográfico en prime time. Y el maestro de Chiva lleva 27 años de mayoría absoluta. Con eso está todo dicho.

 

Salva Ferrer. El Mundo

Foto: Juan Francisco Bascón