Hoy, 27 de agosto, se cumplen cien años de la muerte del diestro valenciano Antonio Carpio, maestro de profesión y que dio su vida por su gran pasión: los toros.Tras una brillante etapa novilleril, con triunfos en plazas como Barcelona, Valencia , Almería, Zaragoza o Madrid, todo estaba preparado para recibir la alternativa en Madrid en octubre, de manos del gran Joselito. Pero antes, el 27 de agosto de 1916, Antonio Carpio tiene que torear en la plaza leonesa de Astorga. Era una corrida mixta. Acartelados estaban el matador Serafín Vigiola ‘Torquito’ y Antonio Carpio, al que corresponde en maldita suerte el novillo de nombre ‘Aborrecido’. Manso de condición y dicen que burriciego, ‘Aborrecido’ hiere al valiente lidiador cuando éste lo lanceaba con la capa de forma pasmossa. Negándose a pasar a la enfermería en gesto muy torero, Carpio toma la muleta para darle muerte. Pero en un cambio de mano el astado le cornea brutalmente en el muslo partiéndole la femoral. Nadie, ni en la enfermería ni en el hospital alq ue se le conduce posteriormente, es capaz de hacer cesar la hemorragia, falleciendo a consecuencia de esa herida.
Antonio Carpio había nacido en el número 3 de la calle Mayor de Catarroja, el 11 de enero de 1895 y había obtenido el título de Maestro Elemental Superior.
Cuando hizo su debut en Valencia, el 25 de octubre de 1914, se cuenta que al salir de casa su madre le dijo: “déjate la vida en la plaza si quieres ser torero”. Y así fue.









