Tras haber dado cuenta -y noticia- de las dos primeras grandes etapas de la temporada, las ferias de La Magdalena y Fallas, la situación es positiva y gratas las sensaciones que ambos seriales han dejado.
Y de momento hay ya un líder destacado, Enrique Ponce, que ha salido a hombros las tres tardes que ha actuado en ambos seriales -cuatro, si añadimos su actuación en Olivenza-, que ha cuajado un puñado de faenas excepcionales por capacidad técnica, temple, conocimiento, estética, y arrojo, poniendo ya distancia con sus perseguidores y arrojando un balance impresionante que, en su vigesimonovena temporada como matador -que se dice pronto…-, le sitúa todavía más arriba en la clasificación general de la historia de la tauromaquia. Grande entre los grandes. Y lo que le queda por subir…
Roca Rey, que fue tenido como triunfador en Castellón y prendió la mecha que hizo explotar las fallas, ha dejado claro que no viene a contemporizar ni a rodarse: sale a por todas desde el primer kilómetro, desde el minuto uno. Volvió a triunfar en Valencia y suya fue la faena que encandiló a los aficionados que llenaron el coso de Monleón. Su exhibición de valor sirvió para abrirle la puerta grande y hacer soñar a los espectadores que tuvieron en su actuación una de las cumbres de la feria.
El Juli, ausente en Valencia, en Castellón dio una gran dimensión y demarró con fuerza y potencia.
Román y Paco Ureña, citados por orden de aparición en el serial fallero, demostraron una determinación que les hace dignos de crédito. El primero demostró, amén de una notable progresión técnica, una disposición admirable y el segundo un valor estremecedor y amor propio para dar y regalar.
Miguel Ángel Perera también atacó ya desde el principio, si bien el material del que dispuso y sus fallos con la espada le privaron de mayores logros, pero dejó claro que ahí está. Como López Simón, que quiere seguir en cabeza y no repara en esfuerzos. Y Ferrera, que en una tarde de perros anduvo por encima de los elementos.
De los nuevos puede que fuese José Garrido el que mejor parado sale de este comienzo. Y Varea, que con una muy complicada corrida de Victorino dio la cara y atacó en solitario. Y de la novillería fueron los locales los que atacaron, siendo Sedano Vázquez y Jesús Chover, en Castellón y Valencia, en plan clásico y en modo arrestos, los que lucen el maillot blanco.
Talavante dio una de cal y otra de arena, y si en Castellón se vio a un torero imaginativo, fresco, sorprendente, original y dispuesto, en Valencia fue todo lo contrario y pasó desapercibido. Muy a medio gas, como calentando, Manzanares y desaparecido Castella.
Tanto en una feria como en otra hubo cada día material aprovechable, siendo a destacar la novillada de Fernando Peña lidiada en Castellón, la nobleza y manejabilidad de toros de Juan Pedro Domecq, también en la ciudad de La Plana, y, ya en a orillas del Turia, sobre todo, la corrida de Alcurrucén, con varios toros de nota alta -destacando primero y cuarto-, la de Victoriano del Río, a pesar de su desigual presentación, y toros sueltos de Fuente Ymbro, Núñez del Cuvillo, Garcigrande y Domingo Hernández y Juan Pedro.
A caballo se destacan Leonardo Hernández y Sergio Galán y del peonaje muchos son los que brillaron con luz propia: Sergio Aguilar, Ángel Otero, Curro Javier, Javier Ambel, Valentín Luján, Miguel Martín, Juan Navarro, Mario Herrero, Raúl Martí, Manuel Rodríguez, Juan José Trujillo… un once de lujo.









