Victorino, otra vez actualidad por su entrevista, emitida post mortem, en Movistar Toros. Ante la sorpresa de muchos acusa Victorino a Ponce de ser el culpable del estado actual del toreo…Y eso porque lo valoraba profundamente.
Adelanta que sus dos toreros más admirados son Luis Miguel Dominguín y Enrique Ponce. Y entre la pareja Luis Miguel y Antonio Ordóñez se queda con Luis Miguel porque tenía más personalidad.
Aunque pronto lanza su ¡cuidado! (una de sus expresiones favoritas) y dice que Ordóñez pudo ser mejor torero. Pues hay muchas voces, sobre todo de toreros, que afirman que no sólo fue mejor que el madrileño sino el mejor que han visto en su vida. Y es que Antonio Ordóñez está en la mitología del toreo como el espada de más empaque, el que llenaba además el escenario con su sola presencia. Un caso único.
¿Y la acusación contra Ponce? Pues que puede ser inocente en este cargo. Victorino, en su tremenda admiración por el valenciano, le echa la culpa porque lo ve tan buen torero, tan preparado, tan aficionado a torear y a superarse, tan vocacional. Lo ve como ejemplo de técnica, continuidad y triunfo.
Pero olvida Victorino que para mandar hay que tener poder. Y que ese poder lo da especialmente el poder taquillero, el económico. El que nunca tuvo Enrique Ponce.
Pero con prestigio e incluso autoridad no es suficiente. Los dos únicos toreros que han podido mandar en esto después de Manolete han sido El Cordobés y José Tomás. Y lo han hecho a su manera, que no ha sido a beneficio del espectáculo. Una cosa es sanear el espectáculo y ponerlo en primera línea de honradez y pureza y otra imponer carteles y ganaderías y, sobre todo, toros, los que les gustan y como les gustan. Otra cosa es que Benítez por su efecto traumático en el negocio subiera el dinero de sus compañeros.
Por eso, porque manda, José Tomás pudo quitar a Ponce el año pasado en Valladolid de la corrida recuerdo a Víctor Barrio y pidió después en la feria la fecha de Ponce cuando él podía torear cualquier día y en cambio el valenciano tenía muchas tardes ocupadas. Irónicamente Ponce contestó que no había exigido su corrida en Bilbao…
Y por eso también le ha quitado de la corrida monstruo en la México del 12 de diciembre. Beneficio para los damnificados del reciente terremoto, a los que Ponce sólo se ha podido sumar ofreciendo sus honorarios de la corrida que toreará en esa plaza nueve días antes.
Además ¿tiene Enrique carácter para mandar? Mandar y poder significan imponer su voluntad justa o justamente, dañar a los demás si es necesario e incluso despreciarlos y, si hace falta, pisarlos.
En los últimos años sólo he cruzado con Ponce algunas palabras antes, en y después de los coloquios de la Fundación del Diario Madrid y de la Casa de la Rioja y los he visto buena persona. También hace muchos años cuando él empezaba y yo dirigía CLARÍN en RNE y le entrevisté cada vez que era actualidad.
En lo que sí es culpable Enrique Ponce, y esto no lo dijo Victorino, es el metraje de ahora de las corridas de toros, que duran dos horas y media o más y en las que se oyen tantos avisos. Una barbaridad. Por cierto, que Ponce será el espada que más avisos ha escuchado en la Historia del Toreo.
El tema de la duración de los festejos es grave y hay que atajarlo urgentemente porque puede aburrir a los espectadores y echarlos de las plazas.
Pero otra vez es un culpable inocente.
Sus faenas son largas, sí, pero sus segundas mitades son bellas y convincentes, donde logra su mayor brillantez, una vez que ha enseñado a embestir a los toros y a quitarles defectos. Será el matador que más toros aprovecha y luce.
Las segundas partes de faena de la mayoría de los compañeros son un querer y no poder (y aburrir e incluso irritar) porque el toro no va o no sirve. Se convierten en unos soberanos pesados o pelmazos. E incluso los que han hecho buenas faenas, con la obsesión de alargar, estropean al toro para la muerte y pierden trofeos y éxitos. Hasta ahí influye Ponce.
Y es que, como decía el sabio, bienaventurados sean nuestros imitadores porque de ellos serán nuestros defectos.
Que en el caso de Ponce además no es un defecto sino una virtud. En casi todos los demás, sí. Defecto total.
Y este es Ponce el que no puede mandar y sí alargar el espectáculo por sus malos imitadores. No hace falta que todos consuman los diez minutos. Con la mitad puede y debe sobrar.









