Lunes, 23 de septiembre de 2024. Plaza de toros de Algemesí. Casi en tarde soleada y ventosa. Novillos de José Cruz, bien presentados y de buen juego en general. Destacó el gran juego del segundo. Marco Polope, de la escuela de Valencia (rosa y oro), oreja. Juan Zamora, de la escuela de Albacete, (azul pavo y oro), oreja. Olga Casado, de la escuela de Madrid, (grana y oro) oreja tras aviso. Jaime de Pedro, de la escuela de Atarfe (grana y azabache), saludos por su cuenta. Juan Pablo Ibarra, de la escuela de Colmenar, (verde y oro), saludos.Entre las cuadrillas destacó la lidia de David Esteve . Y con los palos, lució Alvaro Coso. Presidió el concejal Ángel Ferrer.
Enrique Amat, Algemesí
La primera de las dos novilladas sin picadores con participación de alumnos de las escuelas de tauromaquia programadas para la jornada del lunes ofreció un resultado más que aceptable.
Los novillos con el hierro de José Cruz, bien dieron juego. El ganadero vizcaíno envíó un encierro de más que correcta presentación para este tipo de festejos. Terciado, delantero de cuerna y muy bien hecho el primero, que tuvo prontitud, fue y vino, aunque tendió a quedarse algo corto, cabecear y puntear los engaños. Le faltó un tanto así de entrega.
También bien presentado el segundo, abierto de cuerna y bien hecho. Tuvo la virtud de la fiheza, el venirse de largo a los engaños, tomando las telas con bravura, fijeza, humillando, siguiendo siempre los toques con viajes largos y quedándose siempre colocado para el siguiente muletazo. Un astado de nota. El tercero salió de los chiqueros con algo menos de poder y con una cierta descoordinación. Luego siempre quiso, aunque pudo menos de lo que él quería. Tuvo fijeza, pero le costó romper hacia delante Y por momentos, se desentendió.
El colorado, ojo de perdiz y bociblanc cuarto, de seria expresión y bien armado, tuvo tranco y poder. Obedeció siempre los toques, siguió a los engaños con bravura y su punto de temperamento. Exigió firmeza de manos y poder en su matador. Y, eso sí, acabó por aburrirse y refugiarse en tablas.. Y aparentemente más escurrido el castaño quinto, que al igual que sus hermanos, luego acabó estirándose en la plaza. Algo distraído de salida, se desplazó, pero casi siempre protestando, rebrincado y soltando la cara. Terminó rajado y a la defensiva.
Marco Polope, de la escuela de Valencia, saludó con dos faroles de rodillas a su oponente. Luego firmo una faena presidida por la expresividad, el sentimiento, un toreo vertical y de mucha rúbrica. Eso sí, no faltaron intermitencias a su rutilante trabajo ni un cierto desapasionamiento, eso sí, dentro de una evidente elegancia y distinción. Mató de una estocada de efectos fulminantes.
Juan Zamora, de la escuela de Albacete, se mostró toda la tarde sobrado de actitud, ilusionado en la plaza y con una plausible disposición. Lanceó vibrante con el capote, colocó hasta cuatro pares de banderillas y abrió su faena el platillo de la plaza de rodillas. Luego ligó muchos muletazos con entusiasmo, en una faena muy entregada, algo ligera en su desarrollo. Pero siempre por la línea de la entrega. Le faltó más poso y reposo, algo de amontonamiento, pero siempre quiso, que es lo importante.
Olga Casado, de la escuela de Madrid, mostró oficio, que está placeada y que conoce los rudimentos de la profesión. Firmó una faena bien concebida, algo periférica, aunque luego supo echar la rodillas en tierra para levantar al público de los asientos. Compostura, buen oficio y facilidad fueron los ingredientes de su aplaudido trabajo. Falló con los aceros. Pero entusiasmó a la concurrencia y durante el descanso los aficionados la rodearon haciéndose fotos y pidiéndole autógrafos como si de una estrella de cine o de la canción se tratase.Todo es bueno para la fiesta.
Jaime de Pedro, de la escuela de Atarfe, luciendo un precioso vestido con bordados de azabache, dió muchos muletazos, algunos de ellos intentando la compostura y el gusto. Pero a su trabajo le faltó quietud, reposo y confianza. Y nunca metió en los vuelos de la muleta a su oponente. . Escaso de oficio y poco placeado, el novillo le vino grande. Lo intentó, y se justificó, pero poco más. Acabó pasando las de Caín con la espada.
Juan Pablo Ibarra, de la escuela de Colmenar, Es un torero mexicano con buen concepto de la tauromaquia. Recibió con dos largas cambiadas al de tanda, al que luego lanceó con las dos rodillas en tierra. También de hinojos comenzó su faena de muleta con recursos y oficio. Le dejó la muleta siempre en los hocico a su oponente, tirando de él.
Un trabajo de firmeza y asentamiento de plantas. Mató de una estocada trasera y dos golpes de descabello.
Foto: Olga Casado
Autor: Mateo









