Lunes, 23 de septiembre de 2024. Plaza de toros de Algemesí. Floja entrada en noche agradable.. Novillos de Nazario Ibáñez, de correcta presentación y juego desigual. Bruno Gimeno, de la escuela de Valencia (malva y oro), oreja. Marcos Adame, de la escuela de Cataluña (azul y oro), saludos. Sergio Moreno, de la escuela de Toledo (nazareno y oro), oreja. Ian Bermejo, de la escuela de Castellón (lila y oro), saludos tras aviso. Valentín, de la escuela de Nimes (tabaco y oro), dos orejas. Entre las cuadrillas pareó con acierto, Fernando López. Presidió el concejal Jordi Rodill, algo despistado
Enrique Amat, Algemesí
El doblete de novilladas programado para el tercer dia de la feria de Algemesí concluyó con una novillada nocturna. Las once de la noche se antoja una hora intempestiva en Algemesi, tardía para los visitantes y temprana para los de casa, ya que los lugareños todavía están cenando en las casetas situadas en el parque Salvador Castelll. Por eso a la hora de empezar el espectáculo, los tendidos del singular palenque de Algemesi ofrecían un aspecto desolador. Luego, a medida que pasaba el tiempo, se fueron llenando.
Durante toda la noche, se oyó el canto de las chicharras como música de fondo. Pero el ambiente se antojó muy extraño. Nada que ver con el de la tarde. Y todo además, a media luz, en medio de la penumbra, porque la iluminación de la plaza dejó mucho que desear.
Los novillos de Nazario Ibáñez, correctamente presentados, dieron un juego desigual.Terciado el castaño primero, que se desplazó aunque sin entrega y con cierta tendencia a los terrenos de adentro. Pero sirvió. Al burraco segundo le costó siempre, y se lo pensó demasiado. Con todo, si veía muleta embestía. Pero en todo momento muy agarrado al piso.
El negro tercero fue y vino algo desordenado en sus embestidas de salida, pero luego rompió y fue una máquina de embestir, con fijeza y pendiente del torero, humillando y con largos viajes. El cuarto, remiso, fue y vino, pero sin entrega y pensándoselo siempre. Renegó y protestó y con una acusada tendencia a huir y hacia los adentros. Y el colorado quinto tuvo celo y fijeza, y siempre quiso seguir la muleta. Noble y obediente.
Bruno Gimeno, de la escuela de Valencia, se fue a la puerta de chiqueros a recibir al primero de la noche, al que luego le dió dos largas en el tercio y lo lanceó con espectacularidad. Luego banderilleó muy comunicativo con los tendidos Su labor con la muleta, abundante, variada y bullidora, fue del agrado de los asistentes. Recursos y más recursos, adornos y toreo accesorio dentro de una innegable disposición.
Marcos Adame, de la escuela de Cataluña, es un espigado espada que puso de manifiesto un corte de torero vertical, que intentó hacer las cosas bien en una labor que, de todas formas, no terminó de coger vuelo. Exhibió buen corte en algunas series, en las que fue capaz de dejar puesta la muleta en los hocico de su antagonista. Mató una estocada muy trasera.
Sergio Moreno, de la escuela de Toledo, manejó el capote con espectacularidad y vibración, rematando con las dos rodillas en tierra. También de hinojos comenzó su faena al tercero, que se la brindó a Eugenio de Mora. Un trabajo en el que demostró sitio y cierto sentido de la colocación y de la ligazón. A pesar de todo, su trasteo, de larguísimo metraje, no tuvo demasiado mensaje.
Ian Bermejo, de la escuela de Castellón, fue aparatosamente volteado laceando con el capote. En el tercio final, lució por su sentido de la ligazón, y por su actitud y ganas de ser. La faena, algo amontonada y embarullada, tuvo la virtud de la entrega.
Valentín, de la escuela de Nimes, es un torero de enorme envergadura, quien toreó con voluntad. Exhibió unas formas algo heterodoxas de coger la muleta y de presentar los engaños. Firmó una faena extensa y comunicativa, que remató de una estocada baja.









