Samuel Navalón abre la puerta grande tras una gran actuación.
Valencia, 14 de marzo
Tercera de la Feria de Fallas.
Lleno.
Toros de Victoriano del Río, bien presentados y de buen juego. El tercero premiado con la vuelta al ruedo.
Talavante (de oliva y oro), silencio y silencio con dos avisos.
Roca Rey (de espuma de mar y oro), ovación tras dos avisos y silencio.
Samuel Navalón (de blanco y oro), oreja y oreja con fuerte petición de otra en los dos casos.
De las cuadrillas destacaron el picador Daniel López y Curro Javier.
Paco Delgado
Foto: Mateo
Al reclamo y tirón de Roca Rey, la tercera función fallera, por fin, hizo que la plaza se llenara hasta las banderas, lo que, entre el barullo para encontrar su localidad los tardones, las ovaciones a la terna al hacerse presentes en el ruedo y el buscar acomodo a los muchos invitados del callejón, provocó que la función empezase con un cuarto de hora de retraso.
Y aún hubo que esperar a que saliese el tercero para que la tarde explotase. Fue con Samuel Navalón, que reapareció tras la grave cornada sufrida en octubre en Algemesí y se llevó la primera gran ovación de la tarde en el quite que hizo al segundo. Ya en su primer turno salió a por todas, muy firme y comprometido, llevando siempre metido en la muleta a un toro con fijeza y alegría del que sacó todo, entusiasmando al respetable que, a gritos de torero, torero, jaleó su actuación y le procuró una muy merecida oreja. Aunque puede que el premio se quedase corto.
Y en busca de mayor recompensa se fue a portgayola a esperar al sexto, toro con trapío, alto, largo y grande como John Wayne. Se arrancó de lejos al caballo y permitió que Daniel López brillase en un gran tercio. Se lució luego el de Ayora al quitar con unas muy ajustadas tafalleras y Curro Javier se tuvo que desmonterar tras parear. Y por si faltaba algo, la floreada de El Soro. Y ahora al lío. Y lo montó Navalón ya en la primera serie de rodillas. Con las zapatillas clavadas al albero se lo pasó muy cerca, toreando con parsimonia y muchísima suavidad, ligando y llevando siempre a su oponente cosido a la tela de su muleta. También se alargó en sus ganas y un pinchazo le privó de salir a hombros con cuatro orejas en vez de con las dos con las que dejó la plaza por la puerta grande.
Derribó el segundo, pese a las dificultades que tuvo para desplazar sus casi 600 kilos, que movió en el último tercio con nobleza y bondad, siempre humillado y repetidor, dejando a Roca Rey torear sin apuros ni complicaciones, muy relajado y templado antes de acabar metido entre los pitones y apurar una faena en la que escuchó un aviso antes de montar el estoque y otro antes de que el toro doblase.
También el quinto cumplió más que de sobra en varas aunque al último tercio llegó más aplomado, sin que un matador acabase de acoplarse con él en una labor afanosa y trabajada pero un tanto opaca y sin definir, yéndose de vacío de una plaza en la que siempre triunfó hasta ahora.
Gordo, reservón y manso en el caballo el que abrió plaza, llegó a la muleta protestando y amagando con rajarse. En el tercio, y en un palmo de terreno, supo fijarle Talavante para componer una faena tan poderosa como medida, sin excesos y con mando en la que el toro ya no ofreció resistencia a su conducción y el público no le echó cuentas.
De rodillas inició su segunda labor Talavante, tocando varios palos, ahora a la tremenda, ahora por lo clásico, en busca de agradar en un quehacer bienintencionado pero con muchas intermitencias









