Valencia, 8 de octubre. Festival. Media entrada.
Novillos de Luis Algarra, Daniel Ruiz, Las Ramblas, Fuente Ymbro, cuarto y séptimo, Domingo Hernández y El Freixo. Desiguales de presentación pero de buen juego en conjunto, destacando el de Domingo Hernández, premiado con la vuelta al ruedo.
El Soro, dos orejas.
Enrique Ponce, dos orejas con aviso.
Vicente Barrera, dos orejas con aviso.
Rafaelillo, dos orejas con aviso.
Román, oreja con dos avisos.
Ginés Marín, dos orejas y rabo.
Fernando Beltrán, oreja con aviso.
De las cuadrillas destacaron Raúl Blázquez y Juan Ramón.
Coincidiendo con el Día de la Comunidad Valenciana -el 9 de octubre-, el coso de Monleón acogió la celebración de un festival para Adrián Hinojosa, un niño de ocho años, loco por los toros y aquejado de la enfermedad de Sarcona Wing, que vivió, sin duda, uno de los días más felices de su vida, encabezando el paseillo, acompañando luego a los diestros en sus respectivas vueltas al ruedo y saliendo a hombros con ellos. Un festival para el que costó Dios y ayuda encontrar destinatario, puesto que la familia del chaval renunció desde el primer momento a llevarse ni un euro y las instituciones a las que se ofreció declinaron el verse relacionadas con un evento taurino. Al final la Fundación de Oncohematología Infantil demostró sensatez y no tener prejuicios idiotas, permitiendo que el festejo se montase a su nombre y beneficio.
Una función a la que, desgraciadamente, tampoco acudió tanto público como hubiera sido de desear, disfrutando quien fue de un espectáculo triunfal y brillante al que el palco, generoso e injusto, aplicó tarifa plana a la hora de las recompensas.
Abrió plaza El Soro, que recibió a porta gayola, con un farol de pie, al primer novillo de la tarde, luciéndose en las chicuelinas con que puso en suerte y quitó. Banderilleó con entusiasmo y garra y muleteó a placer ante un novillo que fue un dechado de nobleza y bondad.
Enrique Ponce supo mantener en pie a un muy blando cuatreño de Daniel Ruiz, al que toreó con absoluta suavidad y una lentitud increíble, recreándose en cada muletazo de una fena de técnica insuperable y trazo impecable. Se llevó un achuchón en el tramo final y a cambio dejó tres pases de pecho encadenados interminables. Citó a recibir y tras un pinchazo cobró una estocada hasta la bola que tumbó patas arriba a su oponente.
Enganchó pronto Vicente Barrera al tercero, un novillo de Las Ramblas que no se empleó en varas y con el que desplegó su toreo vertical y mayestático, muy templado y ligado, llevándose otras dos orejas a pesar de que la estocada con que remató su labor cayó baja.
Rafaelillo, alma máter del festejo, anduvo muy dispuesto con un novillo de Fuente Ymbro que se rajó desde el caballo y la que supo meter en el engaño a base de aguante y cero dudas.
Banderilleó Román, con más voluntad que acierto, al distraído y manso quinto, un novillo de El Freixo con el que se dobló con inteligencia y poder, arrimándose luego como si le fuese en ello la temporada, dejando un trasteo tan solvente como capaz, perdiendo las consabidas dos orejas por fallar demasiado con el verduguillo.
Se lució con la capa Ginés Marín, tanto en las verónicas de recibo como con las saltilleras del quite, poniendo a la plaza en pie con la media docena de derechazos rodila en tierra con que inició una faena plena de originalidad y frescura, sin renunciar a un valor seco y sereno y a unas formas clásicas y ortodoxas, rebozándose de toro, templando, ligando y matando de una estocada formidable que le valió un rabo, trofeo que no se concedía en esta plaza desde 1978. Pide sitio y lo hace a voces.
Cerró, con la noche bien entrada, Fernando Beltrán, que se las vio con un novillo que apretó en el caballo, recibiendo un severo castigo que influyó en su comportamiento posterior. El novillero valenciano, no obstante, lo esperó mucho, buscando hacer las cosas bien y con gusto.









