Un festejo secreto

Oreja para Francisco de Manuel ante una corrida exigente.

 

Las Ventas, 15 de agosto.

Un cuarto de entrada.

Toros de Fuente Ymbro.

Álvaro Lorenzo, vuelta al ruedo y ovación.

Amor Rodríguez, que confirma la alternativa, ovación y silencio.

Francisco de Manuel, silencio y oreja.

 


Miguel Ángel Herráiz

Foto: Plaza 1

 

Los toros de Fuente Ymbro y Alcurrucén (1ºbis) tuvieron presencia, variedad de comportamiento y juego desigual. El mejor fue el segundo, excelente de hechuras, noble y con la fuerza justa que permitió a Álvaro Lorenzo templar en el último tercio, torear con expresión y dejar muletazos de cartel. En el otro manso, deslucido y con poco desplazamiento, arriesgó, porfió y asentó las zapatillas. El primero bis de Alcurrucén justo de fuerza y noble correspondió al confirmante Amor Rodríguez quien mostró torería. En su segundo manso e incierto estuvo valiente, tragó, se puso en el sitio y su quehacer fue digno ante tan difícil ejemplar. Manso, sin humillar y probón fue el primero de Francisco de Manuel, de triunfo imposible pero pudo resarcirse con el exigente que cerró tarde, al que mató de un estoconazo.

Álvaro Lorenzo saludó con suavidad por verónicas a su primero. Inició sin probaturas con la muleta cerca de los medios bajando la mano y ligando. Continuó con la derecha lentamente y con limpieza. En la siguiente serie el toro blandeó, acortó la distancia y cuajó una tanda llevándolo embebido lentamente en la muleta. Lo mimó en la pañosa y ligó dos por el derecho que parecían no tener fin. En el otro, difícil y desentendido mostró firmeza. Tiró de oficio y consiguió ligar por el pitón derecho teniendo que aguantar soltado de cara, al final del muletazo, para finalizar con meritorios pases de pecho. Le insistió mucho por ambos pitones consiguiendo que pasara. Conectó con el público que apreció la entrega y esfuerzo ante tan complicado astado.

El primero de Amor Rodríguez fue devuelto y se enfrentó a un sobrero de Alcurrucén. Le tocó mantenerlo en pie con la muleta y lo consiguió a pesar de su endeblez. Instrumentó muletazos de calidad por ambos pitones y la torería palió la debilidad del morlaco, al que solo le faltaba un mes para cumplir seis años. Su peligroso segundo no le permitió destacar con el capote. En banderillas corneó en el gemelo a Raúl Mateos. Brindó la faena al compañero herido y aguantó una barbaridad por ambos pitones. Por el derecho soportó miradas y probaturas varias pero consiguió ligar. Por el izquierdo se desplazó menos, los tuvo que dar de a uno, se cruzó, se lo pasó cerca y afortunadamente pudo salir de la plaza por su propio pie.

El primero de Francisco de Manuel tuvo escasa fuerza, peligro, falta de continuidad, le costó pasar y además soltó la cara. Lo intentó por los dos pitones pero fue imposible. En el otro no pudo estirarse con el capote. Inició por el derecho con la muleta sin terminar de acoplarse. Cambió al pitón izquierdo, adelantó la mano, tiró, aguantó y ligó cinco rematando con el de pecho. En la siguiente serie aguantó impertérrito un peligroso parón. Por el derecho derrochó valor y oficio frente a inciertas embestidas conectando con el público. Retomó el izquierdo con quietud y asentamiento en dos series largas que el público apreció.