Alicante, 24 de junio. Quinta de feria. Tres cuartos de entrada.
Cuatro toros de Domingo Hernández y dos, cuarto y quinto, de Garcigrande, bien presentados y de gran juego primero y segundo.
Enrique Ponce (de purísima y oro), ovación tras dos avisos y dos orejas con aviso.
El Juli (de tabaco y oro), dos orejas y ovación.
Cayetano (de azul rey y azabache), ovación y ovación con aviso.
Saludaron tras parear al sexto Joselito Rus y Alberto Zayas.
Paco Delgado
Se cerró la feria de Hogueras con un festejo de mucho interés y no pocas emociones, en buena medida por el juego dado por los toros de Domingo Hernández y Garcigrande. Una corrida encastada y brava, en los tres tercios, que sirvió de traca final para poner el broche a esta feria de Hogueras.
El Juli, muy en su línea, poderoso y capaz, se convirtió en el primer triunfador de este último festejo sanjuanero tras apurar de cabo a rabo a su gran primero, toro pronto y embestidor, bravo y de gran fijeza, incansable en su acometer y con nobleza y bondad, al que Juli sacó una faena de mucho fondo y gran calado, templadísima, ligada y sin una sola duda.
También el quinto peleó bravamente en el caballo, entusiasmando luego El Juli con lo que podría considerarse como una verdadera y completa faena a base de quites: una primera tanda por zapopinas, otra por faroles y largas y hasta una tercera por chiciuelinas. Mucha exigencia para un animal que ya no aguantó el último tercio, haciendo inútiles los esfuerzos de su matador por lucir y sacarle partido.
Tuvo Ponce un primer toro que cumplió una excepcional pelea en varas, empujando primero contra las tablas a caballo y piquero y sacándolos luego a los medios, donde siguió metiendo los riñones y sin ceder en la lucha durante un buen rato.
Aun sacó luego casta y bravura para seguir la muleta con fijeza y prontitud, sacando el de Chiva un trasteo solvente y dominador que de haber acabado con celeridad con el estoque hubiese tenido más premio que una ovación.
Enseguida unció al cuarto a su muleta, primero en redondo y luego al natural para, con su proverbial magisterio, exprimir a otro muy buen toro al que si pasaportó con eficacia.
El tercero cogió de muy mala manera a Alberto Zayas al banderillear, encogiendo el ánimo a todos. No fue este un animal claro y exigió mucha atención, estando Cayetano firme y seguro en una faena si bien irregular, responsable y valiente.
También derrochó voluntad y disposición con el sexto pero no logró acoplarse ni sacar nada en limpio pese al mucho rato que pasó frente a su oponente.









