¡Torero! ¡Torero!

Lo vio el mundo entero. Una verdadera hazaña deportiva. Nadal, nuestro deportista más laureado y reconocido internacionalmente, lograba un nuevo gran triunfo y se convertía en el tenista que más grandes premios ha conquistado.

 

 


Paco Delgado

 

Pero no sólo hay que  alegrarse por este nuevo logro de un deportista único: hay que reconocer que lo hecho por el mallorquín tiene un plus de heroicidad y grandeza si se tiene en cuenta que tiene ya una edad en la que normalmente el deporte de competición es algo del pasado, si no impensable sí que muy complicado para estar en ese nivel en el que se consiguen los triunfos más relevantes. Y en el mundo del tenis se hace más peliagudo dado el ritmo de competición que hay en la élite y el continuó trajín de viajes, partidos, entrenamientos, etcétera, lo que no aguanta cualquier cuerpo.

También hay que señalar que Nadal sufrió una seria lesión sólo unos meses antes y que tres días antes de comenzar el Gran Premio de Australia no tenía claro si iba a poder viajar, no en vano por entonces tuvo que estar confinado al contraer el coronavirus….

Pero, pese a todo, se fue al otro lado del mundo. Y, paso a paso, superando algún que otro susto en su estado físico, se plantó en la final. Contra uno de los mejores jugadores de esta nueva hornada que debe relevarle a él, a Federer, al maleducado y desagradable Djokovic y otros que ya están en el ocaso de sus carreras.

No pintaba nada bien para él ese último partido. Perdió las dos primeras mangas y todo se le ponía cuesta arriba. pero no se desanimó. No tiró la toalla y, recordando a esos toreros que tras sufrir una espeluznante voltereta, incluso con las carnes abiertas, con heridas sangrantes y molidos por un palizón de una bestia de más de 500 kilos, no se rinden y vuelven a la cara del toro, sin importarle el dolor ni la fatiga ni la posibilidad de algo más grave e irremediable. Y termina ganando. Lo único que ocupa su mente es conseguir el objetivo por el que se encuentra ahí y en ese momento.

Su fuerza mental, su capacidad de concentración y su no rendirse nunca le han llevado a la gloria y nos recuerda, otra vez, al mundo del toro, que pese a todas las muchas trabas que se le ponen -cada vez más y más difíciles de superar y sin que nadie ayude a superarlas, al contrario- sigue firme y adelante.

Como en su día Juanito, Raúl, Joaquín, Ramos y otros ases del deporte, Nadal es de los que gustaba coger capotes y dejarse fotografiar en pose torera. Pero me dicen que eso ya no lo puede hacer. Sus patrocinadores no le dejan. Causa mal efecto, arguyen, y no quieren críticas en las redes sociales, despreciando las muchas elogiosas que le lloverían desde foros taurinos, que han proliferado también en proporción geométrica. Pero esas parecen no contar.

Me lo cuenta un amigo que antes estuvo metido en el mundo del toro pero que huyó del mismo cuando la publicidad que manejaba dejó de prestar atención a la tauromaquia. Y como un heliotropo interesado, buscando el sol que mas calienta, renegó de los toros, a los que no presta ya atención más allá del  gran acontecimiento puntual. Y explica que las grandes marcas no quieren correr riesgos con sus productos e impiden que sus modelos se acerquen, aunque sea de lejos, al toreo. Y mucho menos que se identifiquen con él.

¿Alguien ha intentado sacarles de su error? ¿Alguien les ha explicado que el público taurino tiene un nivel adquisitivo medio-alto? ¿Que el toreo mueve una gran cantidad de público que consume? Nadie. Y mientras, aquí estamos, como Nadal, impertérritos ante la adversidad y tirando para adelante. Sin que, salvo unos pocos, echen cuentas ni una mano.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…