EEHay momentos en que todo se pone negro. Mi admirado Ángel Luis Bienvenida, me lo contó personalmente una noche entrañable, en la que la intendencia, supo estar a la altura de las circunstancias en el bien regado yantar.
Tirando de pico. “Y El Hiena, resucitó como Lázaro”
“Desmontó el toro a El Hiena y le dió una cornada en la cabeza –contaba Ángel Luis Bienvenida–. Salí corriendo para la enfermería y me dijo el médico:
– Oiga usted,yo no me responsabilizo de este hombre.
– ¿Cómo que no? ¿quién se va a responsabilizar?
– Mire usted, un coche y para Madrid, porque yo no tengo medios y a mí no se me muere este hombre aquí. Puede ocurrir en cualquier momento.
En vista de ello, cogimos el coche Félix Almagro y yo y metimos dentro a un practicante para que atendiese a El Hiena. Mientras mi hermano Juan llamó a don Luis Jiménez Guinea, con el fin de que estuviese preparado para operarle en el Sanatorio de Toreros en Madrid.
Apenas tardamos un par de horas desde Calatayud a Madrid, corriendo a toda pastilla. Yo le preguntaba al practicante ¿Tiene pulso? Si me contestaba el hombre, pero yo no le puedo poner más inyecciones, porque lo voy a matar.
Viendo a El Hiena tumbado, pensábamos en lo peor. Llegamos al Sanatorio y Félix Almagro, el practicante y yo gritando:
– ¡Venga la camilla, que este hombre se nos muere!. Y El Hiena que se incorpora y grita:
– A mí que coño me van a sacar. Yo tengo un par de coj… para salir de aquí andando.
Aquel día El Hiena resucitó como Lázaro.









