Un torero puede influir notablemente en sus partidario y seguidores.
He aquí una historia que vivió Pedro Martínez “Pedrés”. Sucedió en 1954 y así lo contaba el diestro manchego:
“En una corrida celebrada en San Sebastián, un toro de Cobaleda me dio dos cornadas muy fuertes. Dos años más tarde en una sala de fiestas en Madrid, un camarero con el pelo blanco se mostró muy servicial y atento conmigo. Cuando me levanté para ir al servicio me abordó y me dijo:
– Estoy tan agradecido a usted, que no se qué hacer para atenderle.
– Pero si yo no le conozco.
– Pero yo a usted si. Mire yo fuí espectador en San Sebastián cuando cayó gravemente herido. Sin embargo recé por que se salvara, y se salvó milagrosamente. A partir de entonces y gracias a usted yo soy un hombre de fe”.









