La terna no acertó a sacar partido de un buen encierro de Victoriano del Río.
Albacete, 15 de septiembre
Octava de feria.
Tres cuartos de entrada.
Toros de Victoriano del Río, bien presentados y de buen juego. Tercero y sexto, por poca fuerza, fueron los más deslucidos.
David de Miranda (de rosa y oro), vuelta al ruedo y ovación con aviso.
Víctor Hernández (de lila y oro), ovación y ovación tras aviso.
Marco Pérez (de purísima y oro), ovación y silencio.
Paco Delgado
Fotos: Alberto Núñez Aroca
No una ni dos, tres fueron las novedades que hubo en la octava función de la feria de Albacete, tres. Los tres espadas actuantes se presentaron en esta plaza, que volvió a registrar una gran entrada, y en este serial. Tres toreros, tres estilos, tres ambiciones, que esta temporada están teniendo no poco protagonismo. Tres matadores tres que se enfrentaron a seis toros seis de Victoriano del Río, nombre habitual en la temporada española y ya asiduo a este serial, al que trajo ahora un encierro con cuajo, pujanza y nobleza, sin que sus matadores se decidiesen a dar un paso al frente y formar un lío con ellos, conformándose con estar compuestitos y dejando ir la opción de un gran triunfo.
El primero salió suelto de los delantales con que le intentó fijar David de Miranda, desmontó al piquero de tanda y en el quite apretó a su matador, que le bajó los humos doblándose con él en el inicio de una faena en la que se mostró repetidor y hasta codicioso mientras tuvo interés por la muleta sin que el onubense acabase por meterse en harina sino con intermitencias y permitiendo algún que otro enganchón.
Empujó el cuarto en varas, aunque a la salida del puyazo dio un volteretón que también le hizo daño. Muy dispuesto y de rodillas dio inicio De Miranda a su muleteo. Despacioso y a pies juntos pero dejando otra vez que le punteasen el engaño y luciéndose en los circulares y desplantes en otro quehacer que no tomó vuelo sino en su último tramo. Sin fe a la hora de matar.
Dejó crudo en el caballo a su primero Víctor Hernández, buscando entereza y brío para el último tercio, mostrándose firme y entregado, llevándole con temple y limpieza pese a la velocidad de la embestida. Por el pitón izquierdo el toro atacó más atemperado sin que la labor del torero madrileño pasase de la pulcritud ni calase en el tendido.
Estuvo mucho rato el quinto en el peto, tomando la tela con prontitud y fijeza, toreando ahora al natural Hernández con más profundidad y sometimiento, llevándole hasta muy atrás, dando ligazón a sus muletazos y unidad a un quehacer largo -sonó un aviso antes de tomar el estoque- que basó en la zurda. Se alivió mucho al matar y su premio se fue al garete.
Se lució Marco Pérez al veroniquear al tercero, que llegó ya muy parado al último tercio y entrando al paso. Al natural tuvo algo más de aire y por ahí planteó batalla el salmantino, aunque sacó los muletazos de uno en uno y sin conseguir alargar las embestidas de un animal muy aplomado.
Se ovacionó al entrepelado sexto, por su estampa y hechuras, al hacerse presente en el ruedo. Tuvo poder y derribó al caballo y su jinete al primer envite. Pero en la pelea se dejó sus fuerzas y al último tercio llegó agotado y si dejar al de luces más opción que las ganas y la voluntad.









