Durante las pasadas Fallas, tuve ocasión y el gran placer de charlar un buen rato con Luis Francisco Esplá (para mi siempre Paquito Esplá, en memoria de su padre, Paquito Esplá) a quien vi debutar con caballos en la plaza de toros de Valencia, allá por los años 40.
Luis Francisco, me contaba los últimos días de su madre, fallecida hace unos meses en Alicante. “El maldito Alhzeimer de mi padre, es el que ha matado a mi pobre madre a punto de cumplir los 90 años”.
“Mi padre que en la actualidad cuenta con 93 años, está necesitado de continuas ayudas, que ahora recaen en mí y lo hago muy a gusto como hijo que soy, del que me hizo torero. Ahora bromeo con él y le cuento mil historias. El pobre lo único que hace es sonreir y escuchar.”
En nuestra charla le comento que estoy enterado a través de nuestro común amigo, el cronista francés Jean Claude Lorant Raze, de la reunión que mantuvieron hace unos días en Nimes, Domingo Navarro, el propio Esplá y Jean Claude.
“Nos lo pasamos en grande, dice Esplá, en una sobremesa que duró hasta las seis de la tarde. Domingo, además de haber sido un excelente torero de plata, es un gran conversador, lo mismo que Jean Claude, y yo por mi parte tampoco me quedo mudo en esas ocasiones”
Seguimos hablando y le cuento lo que le pasó a un banderillero valenciano llamado Pepe Martí, felizmente todavía entre nosotros, casado con una hermana del que fue figura de los novilleros, Manolito Herrero.
Pepe Martí, figuraba en la cuadrilla de Victoriano Valencia. Una tarde en Andujar. un novillo de Miura le dejó una cornada en la cara de esas que en el argot se llaman de espejo. Meses más tarde Pepe me contó que fue despedido de la cuadrilla por Victoriano Valencia, a causa de una sencilla botella de vino.
Mi buen amigo, ya desaparecido, el mozo de espadas, Pepe García, me lo confirmó días más tarde.
Paco Esplá me refiere a continuación la anécdota, que incluyo en mi libro “Tirando de pico”
Esa actitud, me recuerda, dice Esplá a lo que le sucedió a Alfredo David, cuando estaba en la cuadrilla de Manolete.
Alfredo David, uno de los más grandes de la historia del toreo, tenia la costumbre de tomarse una copa de coñac, después de comer en los días de corrida.
El apoderado de Manolete, José Flores “Camará”, enterado de esa costumbre, llamó un día a David y le preguntó. ¿Es cierto que usted se toma una copa de coñac después de comer los días de corrida?
Si, es cierto, tengo esa costumbre.
Y esa comida con la cuadrilla, la paga el matador.
Si, naturalmente la paga el matador.
Pues sepa usted le dijo Camará que a partir de ahora esa copa de coñac la pagará usted de su bolsillo.
Pues sepa usted señor apoderado, que a partir de ahora Alfredo David causa baja en la cuadrilla.
La anécdota no termina ahí, cuando Manolete se enteró tuvo un gran disgusto, pues perdía a un hombre fundamental en su cuadrilla. Habló con Camará y le manifestó que una simple copa de coñac, no era motivo para llevar las cosas tan lejos.
Camará, que como apoderado alcanzó bastante más notoriedad que como torero, hizo valer su autoridad y su carácter prepotente acabó imponiendo su criterio.
Las cosas hay que contarlas como son.









