“Antoñito, menos confesar y más arrimarte”. De esa fuerza espiritual se han alimentado muchos toreros. Rememora Ángel Luis Bienvenida una anécdota vivida por su hermano Antonio.
– Al salir de Madrid, para torear en La Coruña, mi madre le pidió a Antonio que ganara el jubileo de Santiago de Compostela. El domingo por la mañana se fue en su coche a Santiago y confesó y comulgó. Por la tarde no se le dieron bien las cosas y cuando se acercó a la barrera una señora con pamela blanca, le dijo desde la barrera “Antoñito ya te ví esta mañana, confesar y comulgar”. Mi hermano la miró agradecido, pensando en que le iba a consolar, pero rápidamente siguió la frase y le dijo: “Antoñito, menos confesar y comulgar y más arrimarte al toro, sinvergüenza”.









