Esta historia la vivió como protagonista Paco Corpas en una plaza ecuatoriana.
Tirando de pico. La ojeriza de un toro
Así lo contaba el propio diestro:
“En Guayaquil, en 1958, toreábamos Bernardino Landete, Cayetano Ordóñez y yo. De las montañas cercanas a Guayaquil bajamos como unos cien toros moruchos. En los corrales seleccionamos los que pensamos que podían embestir. Toreamos en una plaza que se llamaba La Macarena.
Mi segundo me tomó ojeriza y al verme con el capote me buscaba. Sin embargo Landete y Cayetano pudieron hacerle quites. Con la muleta después de trastearlo, me quería coger. Le metí media estocada, y se echó. Pero cuando me vió, se levantó y me tuve que refugiar en un burladero. Como la barrera no tenía tronera, tuve que saltar al callejón.
Salté las tablas y cuando me vió, saltó sobre mi como un tigre. Me libré de puro milagro, porque ya sin fuerzas, cayó fulminado detrás de mi.
Pero las pasé canutas…”









