Según figura en el libro titulado Poesía Taurina, edición de Vicente Sobrino, del célebre poeta valenciano, Rafael Duyos Giorgeta (1906-1983), el no menos célebre Manuel Machado, le llamó “el nuevo Píndaro español”.
En la extensa e interesante obra, figuran algunas anécdotas de Rafael Duyos, quien además de ser un notable e inteligente aficionado (recúerdese que sus preferencias iban por toreros como Pepe Luis Vázquez, o por Antonio Bienvenida).
Duyos, como todo el mundo sabe fue médico y poeta por vocación y poeta y médico por devoción. Es decir conjugó ambas actividades sin que una hiciera sombra a la otra. Ni el médico vetó al poeta, ni el juglar se impuso al galeno.
El padre de Duyos, militar de profesión alcanzó el generalato y fue nombrado Gentilhombre de su Majestad el Rey, don Alfonso XIII y peofesor de los infantes. Su madre era hija de César Giorgeta, fundador en Valencia de la fábrica de Tintas Samas.
Duyos enviudó en 1962 y tres años más tarde de la desaparición de su esposa, ingresó en el Noviciado Marianista de Santa María de Gredos. Quedó como Hermano Oblato.
En 1970 ingresa en el Seminario de Madrid y dos años màs tarde es ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón.
Pero bueno, vamos con la anécdota que no tiene desperdicio.
Estaba un día Rafael Duyos en la sacristia dispuesto a vestirse para la ceremonia de ordenación, cuando apareció Antonio Bienvenida.
La sorpresa fue tal, que Duyos no acababa de asimilar que su torero preferido estuviese allí presente.
La respuesta del torero fue la siguiente.
Con las veces que tu has venido al hotel a ayudarme a vestirme de torero, como no iba a estar presente aquí, cuando tu vas a vestirte de sacerdote.
Unas semanas antes de ordenarse sacerdote, en una de sus consultas como cardiólogo, recibió la visita de una dama de considerable edad pero de gran belleza y de porte señorial.
Rafael Duyos quería reconocerla pero no acertaba a conseguirlo, hasta que la paciente se identificó.
– Doctor: creo que usted tiene la impresión de que me conoce, y estoy segura de que es así. Soy Francesca Bertini.
Rafael no ocultó su sorpresa, pues la Bertini, famosa actriz del cine mudo, había sido amor platónico en su época de adolescente y así se lo hizo saber entre sonrisas.
– Pero señora, toda la vida enamorado de usted, y me aparece ahora que estoy a punto de ordenarme sacerdote…
Francesca Bertini, nacida en Florencia el 11 de abril de 1.892, falleció en Roma el 13 de octubre de 1.985 a los 93 años de edad.
Viajando en el Talgo a Barcelona donde residía una de sus hijas, Rafael Duyos se sentó al lado de una señora, que le ofreció una de las revistas que portaba para ser más entretenido el viaje.
La señora en cuestión no quiso que Rafael quedase sin lectura y Rafael educadamente rechazó el ofrecimiento.
Rafael insistió diciendole que no se preocupara, porque él tenía que repasar algunos poemas que llevaba en un a carpeta para dar un recital. Para la dama la sorpresa fue que viajaba al lado de un poeta.
Un par de horas después se solicitó la presencia de un médico porque una señora se encontraba indispuesta. Rafael se levantó y acudió en su ayuda, y su vecina de asiento le comentó admirada. “Así que, además de poeta, usted es médico… Muy interesante”.
No acabó ahí la cosa. Al cabo de un rato, la megafonía requirió los servicios de un sacerdote. Volvió a levantarse Rafael, con el asombro de la dama. No me diga que usted también es sacerdote, Usted, es que es, de todo.
Menos mal, recordaba Rafael, que la señora se bajó del tren en Reus, antes de que yo llegase a Barcelona, porque nadie sabe lo que podría haber ocurrido, si hubiera visto que me recibian al grito de papá… papá, abuelito, abuelito…









