ANTONIO CANALES: “Bailando me siento torero”

Antonio Canales, uno de nuestros artistas más internacionales y laureados, nació en Sevilla en 1961. Hijo y nieto de artistas, el flamenco y la tauromaquia han sido el hilo argumental de su arte en los escenarios como director, coreógrafo y bailarín. Su obra “Torero” marcó un antes y un después. Y no abandonó la tauromaquia como germen de inspiración, ya que en otras de sus producciones ha estado presente. Ahí están “Gitano”, “Bailaor”, “Carmen”, “Carmela” o “Trianero”.


Enrique Amat

E incluso publicó una novela, “Sangre de albero” también de ambiente taurino. Su genialidad, carisma y arrolladora personalidad, le han permitido ir mucho más allá de la danza y compartir una vida artística plena de experiencias significativas en otras disciplinas. Como actor ha protagonizado la película “Vengo” bajo la dirección de Tony Gatlif. Entre otras muchas colaboraciones cinematográficas, también ha participado en “Iberia” de Carlos Saura.

Usted quiso ser torero, como otros grandes flamencos, como Camarón. Y los dos acabaron triunfando en los escenarios.

“Claro que quise ser torero. La tauromaquia para mí es algo muy importante y así lo ha sido en los 59 años de mi vida. Yo soy de Triana. Y Rafael Vega Gitanillo de Triana fue ni más ni menos que padrino de pila de mi madre. Y era compadre de mi abuelo. Luego tuvo un tablado muy importante en Madrid y otro en Sevilla. Era un gran artista. Toreó con Manolete, Pepe Luis Vázquez, Pepín Martín Vázquez y todas las figuras de la época. Los toros y lo flamenco van muy unidos. Son dos mundos muy relacionados, con sus estéticas muy hermanadas, que componen y expresan el arte de una forma singular. Son uno para el otro y no son nada sin el otro.”

El toreo ha sido siempre un referente en su vida.

 “Me he relacionado continuamente con los toreros. José Tomás, Finito de Cordoba, Rivera Ordoñez, Morante de la Puebla o Curro Romero. He estado siempre muy unido a ellos. Yo me defiendo con los trastos, he ido con frecuencia a los tentaderos. Aunque mi capote no es ese. La tauromaquia no es mi forma de expresarme, sino el baile. El mundo de los toros es otra cosa. Yo soy torero bailando.Con todo, mantengo mi afición, voy a tentaderos, voy al campo a ver torear a mis amigos. Y en la obra “Torero” quise contar el antes, el durante y el después de ser torero.

Un torero que le haya servido para inspirarse.

“No se puede citar a uno en especial. Es difícil,  porque hay tantos toreros buenos en la historia, que no me puedo quedar con uno solo. Por supuesto, de los antiguos ahí están Joselito, Belmonte o Manolete, espadas de una extraordinaria personalidad. Y de más recientes Antoñete, El Niño de la Capea , José Tomás, Joselito. Finito de Cordoba, Morante de la Puebla. Es muy difícil elegir uno. Porque todos ellos te ponen los vellos de punta. Sobre todo uno, el más grande para mi, que es Curro Romero. No por misticismo, sino por su verdad. Cuando yo tenía 14 años, me llevó mi padre por primera vez a la Maestranza. Aquel día toreaban Curro  Romero, José María Manzanares y Espartaco. Y aquel Curro, con su capote chico, estuvo cumbre. Mi padre, al salir de la plaza,  me dijo: “Antoñito, acuérdate que esto que has visto lo vas a ver pocas veces.”

A partir de aquel día se hizo currista.

“Por supuesto, y sin desmerecer a otros toreros. Porque, cómo no hablar de Rafael de Paula o de Cesar Rincon, y de otros muchos. Pero lo que vi yo hacer al Faraón no lo he vuelto a ver nunca. Esa su forma de reunirse con el toro era una cosa poética. Curro es el torero de Sevilla. Y no solo de Sevilla, sino que es el torero de los toreros. El espejo de los demás y su inspiración..Sin Curro no se entenderían y no se habrían desarrollado otros toreros. Ese Enrique Ponce con su perfección. O la genial locura de Aparicio. La flamencura de Morante, y el hieratismo de José Tomás. Sin Curro no existiría ninguno. Su capote y su muleta, su sentido del miedo y de la gloria crearon una etapa de la tauromaquia. Y marcó toda una senda.  Curro conocía todos los tercios. Fue el más grande.

El toreo es magia y misterio.

Es lo profundo. No es cualquier cosa. Y es que para que los toros lleguen a la plaza, tienen que pasar muchas cosas. La cantidad de gente que trabaja en el campo, los ganaderos, los mayorales, los vaqueros, los veterinarios. Luego la gente que borda los trajes, esa artesanía que está alrededor del vestido de torear y del mundo de los toros. El toro nace aquí, en nuestros campos. Nuestras ganaderías. Hay que respetarlo por eso, no frivolizar con el alma de los sentimientos de nuestra tierra, de nuestra tauromaquia. Hemingway y eso que era americano, entendió muy bien todo esto. Y además, como le dijo Rafael El Gallo a María Guerrero en aquel célebre brindis:”La grandeza del toreo sobre el teatro es que aquí se muere de verdad. Hay que respetar la antropología, la cultura.”

En 1993 todo eso se plasma en la obra que le encumbró a usted, “Torero”.

“Así es, yo me inspiré en el toreo. Porque el toreo nos define a nosotros, los españoles. El toro es un animal mitológico que viene desde Grecia, y ya por el año 1700 empiezan las corridas. Ese círculo redondo y mágico que es una plaza de toros. La gente a veces no conoce las cosas del toreo y hay que hacérselas ver y explicarlas.

Y un arte que trasciende fronteras. Porque “Torero”, que luego alcanzó las 1500 representaciones, se presentó ni más ni menos que en Canadá.

Aquello fue todo un reto. Mi madre me decía que estábamos locos. Se estrenó en el teatro Place D, Arts en Canadá, un recinto con capacidad para 2600 espectadores. A las puertas del teatro había pancartas llamándonos asesinos. Aquello se llenó por el morbo que significaba el toro. Fuera del teatro, los anti taurinos gritaban y gritaban. Pero al día siguiente aún me acuerdo de una frase con la que se tituló nuestra actuación en la prensa: “Un clavel encarnado.” Fuimos capaces de enamorar al público con nuestra propuesta, con lo que queríamos decir, con lo que queríamos expresar. Y luego hicimos una gira por todo Canadá. Se tuvieron que hacer el harakiri los antis. Porque se acabaron las pancartas.  Nosotros narrábamos un poema de Bécquer, un poema de Machado. El arte, la poesía. Sin sangre. Porque yo en el espectáculo no mato al toro, me enamoro del toro y lo indulto. Es un amor de dos animales: el toro y la persona. Esto es un arte sin fronteras. Mediante la música, la poesía, el amor, el valor, la tragedia y el baile se acerca al espectador el antes, el durante y el después de la jornada de un torero. Una creación que marcó un antes y un después de la danza flamenca.”

El número 3 es mágico.

“Todo está alrededor del número tres. Tres tercios, tres toreros, tres subalternos, la plaza tiene tres círculos. Y luego la muleta, esa bola del mundo con la cruz de Cristo. El torero en la plaza es el centro del mundo. Y esas  liturgiastan maravillosas  como eso de: “si el tiempo no lo impide y con permiso de la autoridad”. La gente es la que vota, la gente es la que decide la suerte del espectáculo. Es la fiesta más democrática. Y ese obispo vestido de oro en el ruedo que es el matador. El amo del mundo. De este mundo sacro, esta fiesta nacional de mi tierra, de mi pueblo.  Yo traté de representar sobre las tablas las cosas que no ve la gente. Cuando el torero se viste, sus manías, sus miedos,  sus complejos. Cuando la familia espera en casa lo que pueda pasar en la plaza.Luego el desarrollo de la corrida, el paseíllo, los tercios. El triunfo y el fracaso. Los tuétanos de la fiesta, todo lo profundo que tiene el toreo. El intríngulis. Por eso yo sufro mucho cuando la gente frivoliza. Y eso que comprendo al que no le gusta este espectáculo. Pero que no vaya. Eso sí, que respeten todo eso tan grande, tan sagrado que es el torero.”

Una obra que marcó un antes y un después en su carrera.

“Así es. Hay un antes y un después de la obra “TORERO” tanto para mí, como para la danza flamenca en general. En ese momento es cuando nace el verdadero Antonio Canales director, coreógrafo, iluminador. TORERO es un canto eterno, una evocación a magia y el misterio que encierra la tauromaquia, filtrada por el fogoso y desgarrado lenguaje del flamenco. Con ello conseguimos, si cabe, dignificar aún más nuestra Fiesta Nacional y consolidar, a su vez, el universal e inagotable Arte Flamenco. Con ella fuimos a los premios Emmy en Nueva York, conseguimos el Fipa de Plata francés. Con ella me hice más hombre y mejor persona, coreógrafo y artista. Y gracias a ella existe la compañía de Antonio Canales. Aparte de los muchos premios que me dieron, no tuvo una mala crítica. Yo he hecho más de 60 obras, todas son como mis hijos. Luego unas han durado más que otras. Unas han estado en escena y en cartel mas tiempo y con mas éxito y otras menos. Todas han tenido su pequeña gran historia. Pero “Torero” fue grandioso. Batimos el récord de representaciones. El teatro Lope de Vega de Sevilla, que tiene un aforo para 700 personas, se llenó  de toreros y ganaderos y no recibí ni una mala crítica. Solo alabanzas. Con esa escenografía de Carrascal, ese ruedo cósmico  que es como una falla. El vestuario, la dirección . La obra tiene muchos atractivos. Es una obra que me confirmó y me dio valor para seguir adelante. Solo la han interpretado, tras de mi, Manuel Reyes, Juan de Juan y Pol Vaquero. Es un personaje complicado. Luego han pasado por el elenco más de 100 bailarines que luego se han proyectado sus carreras.”

Y, al igual que una corrida de toros, es una obra viva.

Hay días de llorar y reír, las tardes no son todas iguales. En ella pones el corazón. Hay que ser fiel a lo que uno hace y enamorar al público. Cada día es distinto. En cada representación suena distinto a la música, tienes el cuerpo diferente, el compás, los sentimientos. El público te da una puñalada y te mata el alma. Está sentado en las butacas, de negro y te revienta si no estás bien. No te mata el cuerpo como a un torero. Te mata el alma. Es un toro negro sentado y bravo. Y como digo, cada noche es distinta. El cómo suena la banda, el sentimiento, cómo te encuentras.”

 

Los artistas tienen miedo escénico, como los toreros.

 “ Es lo que te digo, el público es un toro sin cabeza. Te puede matar el espíritu, dejárte la autoestima por los suelos. El toro mata, como mató a grandes toreros entre otros, Joselito e Ignacio Sánchez Mejías, que fue algo más que el toreo. Pero público te revienta.”

Los silencios son duros.

 “Eso es lo peor que le puede pasar a un artista. La indiferencia. Yo he estado en muchas plazas en el burladero, en los callejones. La indiferencia es lo peor. Porque el toreo es un arte en el que tienes que poner el vello de punta, transmitir emociones. Sentimientos. El día que le cogieron a Julio Aparicio y le dieron la cornada que le salió por la boca en Madrid yo estaba al lado de su madre, la genial Malena. Y el público no fue indiferente, y así Julio no salió por la puerta grande, pero se fue al quirófano con la gloria, sin indiferencia. Aunque te tiren almohadillas o vayas a la cárcel, eso es preferible al silencio. Esto es un espectáculo en el que si se pierde esa emoción, el transmitir, la indiferencia es lo peor que te puede pasar. Enfrentarte a un toro de 500 kilos y aunque le cortes las orejas, si no emocionas al público, es un fracaso.”

Su relación con los toreros.

La he tenido con muchos. Pero luego solo me han brindado un toro cuatro. José Tomás fue el primero. Lo hizo en Almería, una tarde que toreaba con César Rincon y Jesulin. Estaba yo en el tendido con Tomatito y Carmina Ordóñez, que parecía que la había parido una vaca brava. Qué genio. Qué arte.  Luego me brindó otro Luis Francisco Esplá en su retirada. Finito de Cordoba otro en Barcelona, en esa plaza tan maravillosa que ya no existe. Aquel día le pude ver vestirse de torero, que es un rito maravilloso. Y cortó una oreja. Y luego mi compadre Francisco Rivera en Sanlúcar. Me brindó otro en una tarde con un vendaval de agua y viento. Cada torero tiene su intríngulis. Y sobre todo, es un gran valor el de cada uno, sentirlos cerca de la barrera. El encuentro del hombre con la bestia y el gran respeto que le tienen los toreros a los toros. Más que el toro al torero. Es maravilloso. Luego no importa si la corrida es mala.”

 

Muchos teatros y muchas plazas

“Todas tienen su aquel. Yo respeto a todas. En Lima, esa plaza tan antigua del 1700. Se come el anticucho, el corazón del toro. Sevilla, Madrid. Me duelen todas las plazas. Pero el Puerto de Santa María es especial. Ir allí una tarde sin viento, bonita, habiéndote tomado tres manzanillas de Sanlúcar antes, ver a Joselito matar seis toros y tener que emborracharse después de salir de la plaza. Y recuerdo una tarde con Rafael de Paula en Sanlúcar, que toreó como para mí. Me hinché de llorar. El cómo se enredó con el toro, como lo llevó, como lo embaucó. Pepe el de la matrona le cantó un fandango, y los oles de ese dia eran como catedrales. Falló a espadas pero no pasaba nada. Y le dije luego en el hotel le dije: “mataste al toro antes de hincarle el estoque. Y los dos nos emborrachamos hasta el amanecer.”

 

Luego también ha tratado el toreo en la literatura con su novela “Sangre de albero”.

“Las letras han sido para mi una ventana de escape. En los hoteles, en los viajes. Una forma de escapar, de volar. Yo escribía a boli. Y para redactar la novela tuve que rescatar muchas cosas de mi baúl de los recuerdos, de mi diario. Quedó en segundo lugar en un premio de tauromaquia y me la editó Planeta. Alcanzó tres ediciones. Mi mundo está unido a la tauromaquia. Y quise contar con un antihéroe como el Quijote. Anacleto, un chaval a quien recogen unas monjas y le hacen un vestido de torear. Es bizco y le tiene que guiar en la plaza su compadre, su mozo de espadas, que va siempre a su lado y le dice: “El toro por la derecha, el toro por la izquierda”. Hasta que un día lo sorprende una muerte estúpida.”

 

Una novela sugestiva.

Era un pretexto para hablar del amor. De ese antihéroe quijotesco, que se viste diferente y que inventa cosas. Y el mundo taurino, con los empresarios, los ganaderos, las cuadrillas. Contar a la gente esos personajes, lo que la gente no ve.. Anacleto, un antihéroe con su parte de bohemia, de romanticismo de humor. Un Quijote moderno.”

Es como El Niño de las Monjas

“Como mi compadre El Gallo de Morón. Torero y apoderado. Tiene un restaurante en Sevilla la nueva. Y lleva la carrera de  Francisco Manuel, a quien ido a ver este año a todas las corridas, a El Álamo a Navalcarnero. A Morante de la Puebla le vi poner tres pares en Navalcarnero, con qué facultades y qué arte.  La gente tiene la imagen de ver a Morante con el puro en la boca, la bohemia y las patillas. Pero debajo de eso hay mucho más. Hay arrojo, entrega, dignidad, sin malvenderse, sin perderse, con su ética. Para estar como ha estado este año, hay que tener mucha capacidad, mucha concentración, mucho valor interno, mucho entrenamiento y tener una forma física extraordinaria, de deportista de élite. Que la gente no se confunda.”

Usted declara que es muy egoísta con sus palabras.

“Algo de eso hay. Yo no tengo negros, yo he sido mi negro. Y me ha costado sangre, sudor y lágrimas escribir la novela.Yo no bailo con las letras, yo bailo con las palabras. Yo hablo mejor bailando. Pero soy un come libros. Leo a Becker, la Karen Blixen, a Henry James. Leo todo lo que cae en mis manos y me relaja mucho. Hay que ser exigente con las palabras, porque son puñales.”

De este Anacleto dice la novela que llegaba dos minutos tarde a todo, incluso a la muerte.

“Algo de eso hay. Yo tengo tres hijos, una mujer y he tenido una vida muy intensa. Y a veces como nos ha pasado a todos, hemos dicho alguna vez eso de “me quiero morir, me voy a suicidar”. Lo hemos dicho todos. Pero cuando lo dices muchas veces, a la tercera es como eso de: ¡Que viene el lobo!. Y te dicen,” tú ni quieres suicidarre ni nada”. Y ahora yo tengo otra forma de decirlo. Digo que me voy a suicidar un rato y ahora vuelvo. Para así al menos la gente comprende que estás hasta los cojones. Y por lo menos, si dices eso, pones en alerta a tu entorno y y se enteran de que estás cansado. La vida es una montaña rusa. Pero la gente no se tiene que rendir, tiene que tener ilusión. Tiene que tener abierta la puerta al amor. Abierta el cariño. La vida es maravillosa y hay que afrontarla

Ha hecho el paseíllo con todas las grandes figuras de lo suyo. Estrellas internacionales de la talla de Rodolf Nureyev, Maya Plisetskaya, Julio Bocca, Carla Fracci, Vladimir Vasiliev, Fernando Bujones, Peter Schauffus….

Eso ha sido un lujo, pero también una responsabilidad.  Me acuerdo cuando conoci a Nuréyev. Me dijo con todo el cariño del mundo entra aquí en el camerino. Cuando luego cuando se levantó el telón, que es el momento de la verdad, que es como cuando salen los toros al ruedo, estando a su lado me fundió valor, confianza, autoestima. Yo aprendo de los éxitos y de los fracasos, que los he tenido y grandes. Eso de estar solo, machacado, hundido, cuando no viene nadie a verle a uno al camerino. Todo eso sirve como experiencia. Hay que sufrir en silencio, llorar y llevar con dignidad todos los verdugones, no rendirse. Yo cuando uno no está bien le digo que tranquilo, que es solo un día, que mañana volverá a haber otro y salir el sol. Hay que ser fuerte, en la vida no depende todo de una tarde.  No hay que rendirse.”

Dentro de poco le dan la Medalla al Mérito de las Bellas Artes.

 “Asi es, me la dará el rey. Y es el reconocimiento a un arte, el flamenco, la tauromaquia. Yo he tenido pecados mortales también. Y muchos vaivenes. Pero todo se consigue a base de arrojo, de trabajo, de devoción, de amor por lo que haces, por el flamenco, por la fiesta y por el mundo gitano. Pasión y vocación. Hay gente a la que le da miedo decir lo bonito que son los toros. Pero nos tienen que dejar vivir tranquilos y traten de acercarse a la fiesta con amor.”

Y a pesar de todo sigue con proyectos.

Ahora tengo 15 conciertos internacionales. Y luego el proyecto “Maestros” que se estrenará en 2022. Con Farruquito, dirigido por Manolo Gas, con vestuario de Adolfo Domínguez. Es un homenaje a todos los maestros del baile. Y también tengo una grabación de “Platero y yo” para Canal Sur. Yo pongo la voz del burrito, de ese platero que creó Juan Ramón Jiménez. Es un cuento para niños. Y luego hay otro proyecto en marcha, titulado “Sevilla a compás”, en homenaje al gran Antonio Machado. Y galas y las representaciones. La vida es un regalo y hay que exprimirla.”

Nacido en Valencia en 1959. Ha desempeñado su labor en diversos medios de comunicación como Radio Nacional de España, Hoja del Lunes, EL SOL, El Toreo, Toros 92, 6 toros 6, El Taurino Gráfico, El Ruedo, La Lidia, Tendido Alto y LEVANTE EMV, aquí desde 1989 hasta 2016. Es autor de más de veinte libros de temática taurina y es comisario de la exposición permanente del Museo Taurino de Valencia. Ha pronunciado conferencias en las sedes del Instituto Cervantes de Beirut, Amman, El Cairo, Casablanca, Almaty, Sofía y los Clubs Taurinos de Londres y Nueva York.
Desde el año 2012 dirige el Foro Taurino del Casino de Agricultura de Valencia y dirige el programa Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.
En la actualidad es redactor en los portales Avance Taurino y Tauroimagenplus, así como en la revista de la Unión de Federaciones Taurinas de España (UFTAE) y colabora en el programa de radio “Toros con El Soro” de Intereconomía Radio y El Remolino de Ocho TV. Desde septiembre 2019 dirige el programa Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.