Pablo Lozano tenía una amplia experiencia. Además de torero, fue empresario y un notable “veedor”.
En calidad de tal viajaba por esas carreteras de Dios cuando dos muchachos se estrellaron con la “Muleta de Castilla”. Era la época de La Oportunidad, famoso concurso novilleril que organizaban los Dominguín y los Lozano en la plaza de Carabanchel.
Un día en la gasolinera de Trujillo viajában Felipe Novillo y Pablo Lozano. “Se nos acercan dos maletillas –contaba Lozano– y nos dicen: ¿Van ustedes a Madrid?. Si, si –comntestan los del coche– ¿Hacen el favor de llevarnos?. Subid. Vosotros queréis ser toreros –les pregunta Pablo–. Si, si. Pero eso es muy difícil. Uff, dice uno de los maletillas, es muy difícil. Pero ahora con La Oportunidad –comenta Lozano–, a quien no dejan acabar la frase: ¡No nos hable usted de Vista Alegre, que ahí están los Dominguín que son los mas rateros del mundo!”.
Pablo Lozano remataba la anécdota diciendo: Se estrellaron. Rápidamente paré el coche y los echamos.









