Conseguir una valiosa oreja, si además es en una plaza relevante, supone lo más importante para un torero.
Tirando de pico. Con las orejas en la mano
El torero alicantino Vicente Fernández “El Caracol” lo relataba de esta manera:
– El 18 de julio de 1962, con la temporada hecha, me dieron una importante cornada en la plaza de Madrid. El toro me prendió por la pierna derecha y me partió la femoral.
– ¿Se hizo un torniquete?
– No, me di un pellizco, para no desangrarme y cerrar la herida. Llegamos a la enfermería. Los doctores Jiménez Guinea y Máximo García de la Torre, me dijeron que tranquilo y que no me preocupara, que me iban a dormir, esto es anestesiar. Me negué. Les dije que hasta que no me trajeran la oreja, que me habían concedido del novillo, no quería que me anestesiaran y así fue. Llegaron con la oreja y fue cuando dije si me muero, que me entierren con la oreja en la mano.









