Después de la cornada, llega la convalecencia, donde el torero reflexiona y adquiere fuerzas para resistir y volver de nuevo a la lucha.
Tirando de pico. Chamaco y la paloma de la convalecencia
En este caso, Antonio Borrero “Chamaco” se encontraba en Huelva en casa de su padrino.
Una tarde, estando allí, cayó un paloma herida en el patio de la casa. La cogióy le abrió el buche, porque el animalito tenía una perdigonada. Entonces le sacó los plomos, y le cosió el primer tejido, seguidamente le cosió el segundo tejido, después la piel. Le administró antibióticos (los que le daban a él).
“La acostaba en la cama y en seguida nos pusimos buenos, la paloma y yo –contaba el torero–. Hoy ya tiene cría y cada vez que me ve, viene volando y se posa en mi hombro, para picarme y acariciarme. Es bonito ¿no?
Para mi es una historia que jamás olvidaré”.









