El matador de toros retirado Julio Aparicio Martínez, coetáneo de quien firma estas líneas, 91 años cumplidos el pasado mes de febrero, igual que el desaparecido Antonio Órdoñez, recuerda que en los hoteles donde se hospedaba cuando estaba en activo, podía suceder cualquier cosa relacionada con el servicio. Se acuerda de lo siguiente.
“En un hotel de Lima, cuando fuimos a torear Litri y yo, nos encontramos con un camarero que se llamaba “Bobito”, quien decía:
– Mi niño, yo soy del Norte de España, soy vasco -Imagínense que vasco, ríe a carcajadas Aparicio, era negro, negro de la selva-.
Cada vez que pedíamos comida Litri y yo, Bobito, sin llamarle, aparecía por la suite, y en pocos segundos se comía lo nuestro. Si necesitabas al camarero, no aparecía, pero cuando había comida de por medio, la cosa cambiaba.
– Qué pasa Bobito, ¿donde está la comida?
– Ah, no lo sé, mi niño.
Así que Litri y yo decidimos, que una vez que nos hubieran servido la comida, debía marcharse como hacían sus otros compañeros.
Y esta es la historia de Bobito, un camarero muy gracioso, que ni era bobo, ni era vasco, sino negrito.









