Los viajes son decisivos en la convivencia de las cuadrillas.
En este caso la anécdota sucede en Nimes y tiene como protagonista a Julio Aparicio y un peón. La contaba el torero madrileño:
“Mi banderillero Bernardo Muñoz “Carnicerito de Málaga” toreaba muy bien con el capote. Daba tres o cuatro lances, recibía una ovación y me ponía loco. Bernardo déjalo ya. Mí apoderado Camará me dijo un día que Bernardo iba contando que yo no valía nada, que lo único que hacía era dar el “pase del piano”. Así llamaba a un medio circular que daba moviéndome para quitarme el toro de encima. En Nimes cuando comíamos las cuadrillas de Litri y la mía le digo:
– Bernardo no te da vergüenza a tus años, que te llevo en una buena cuadrilla, cuando tu ya no estás para nada, hablar mal de mí diciéndole a Camará que no valgo un duro y que lo único que doy es el pase del piano.
Me mira y me dice:
– Eso es mentira. Te voy a decir la verdad. Es cierto que yo lo que digo es toreas como si estuvieras escuchando a Beetthoven tocar el piano”.









