Antonio Ordóñez evidencio desde su niñez una vocación taurina extraordinaria.
Unas ganas que se reflejan en esta escena, que protagoniza junto a su hermano Juan, al que, por cierto, abroncaba sin miramientos cada vez que éste hacía algo mal.
Un día, Juan sale disparado de la casa familiar cargado con un hatillo.
– Juan ¿dónde vas? – pregunta Antonio.
– Voy al campo, que hay faena
– Llévame– le ordena Antonio. Y Juan le dice que suba a la bicicleta que conduce.
Al llegar al destino que Antonio había indicado, Juan se da cuenta que su hermano tiene sangre en una de las perneras del pantalón.
– Antonio ¿qué te ha pasado?
– Nada, que un alambre de la bici me iba rozando la pierna y me ha hecho esa herida.
– ¿Pero porqué no me lo has dicho y hubiese parado?
– Yo lo que quería era llegar y torear en este tentadero. Ya te puedes volver.