“El tren de Arganda, que si pita, no anda”
Lo refería el matador de toros Rafael Llorente, nacido en Barajas en 1924 y doctorado por Manolete el Barcelona, 20 años más tarde, en una de las corridas que, el siempre recordado don Pedro Balañá Espinós, organizó en la ciudad condal con el mexicano Carlos Arruza. Obligatorio aclarar que la singladura de don Pedro en Barcelona, nada tiene que ver con la nefasta gestión de sus herederos, tanto su hijo como sus nietos. Don Pedro era un buen aficionado a los toros y sus descendientes lo han sido, pero al dinero…y a las salas de cine…
Llorente, contaba que en sus años mozos cuando intentaba la locura de ser torero y carecía de dinero para desplazarse a localidades próximas a su pueblo natal de Barajas, utilizaba cuando podía el tren de Arganda, al que el pueblo soberano llamaba el tren de Arganda, que si pita, no anda, un viejo ferrocarril que apenas alcanzaba los diez kilómetros `por hora.
“Cuando sabíamos que el revisor recorría los vagones, nos pasábamos de un vagón a otro, y así hasta que no teníamos más remedio que arrojarnos en marcha, lo cual tampoco entrañaba gran peligro. Era un tren muy lento, como a mi me enseñaban que debía ser el toreo”.
Años de privaciones de la posguerra, en la que lo mejor era la edad y la ilusión de ser torero.
Llorente llegó a alcanzar una cierta notoriedad, a raíz de cortar cuatro orejas una tarde en Madrid.
Torero de no mal corte, del que presencíé algunas de sus actuaciones, en Valencia y en Madrid.
Y… eso el tren de Arganda, que si pita, no anda.









