Tarde de miedo

Juan de Castilla fue ovacionado en su lote tras haber toreado por la mañana en Vic-Fezensac.

 

Las Ventas, 19 de mayo.

Novena de la Feria de San Isidro.

Casi lleno.

Toros de Miura.

Rafaelillo, silencio y ovación.

Juan de Castilla, ovación con aviso y ovación.

Jesús Enrique Colombo, silencio tras aviso y silencio.

 


Miguel Angel Herráiz

Foto: Plaza 1

 

Noveno festejo de la Feria de San Isidro con toros de Miura variados de presencia, con fuerzas medidas, peligrosos, mansos y difíciles, que exigieron a los toreros sin colaborar para su lucimiento. Rafaelillo pechó con un primero desrazado que no pasó en el capote ni en la muleta y no hubo forma. En el otro la debilidad le impidió el adecuado desplazamiento y solo fueron posibles los medios pases. Juan de Castilla, firme y decidido en ambos, aprovechó las condiciones de su lote y practicó un toreo con expresión que gustó. Jesús Enrique Colombo se enfrentó a los más exigentes del encierro, hizo el esfuerzo, se la jugó en banderillas, mostró valor y ganas aguantando con dignidad la dificultad del trance.

El primero de Rafaelillo de excelente presencia fue ovacionado de salida. Desarmó en el capote. Fue castigado en varas y a la salida perdió las manos. En la muleta su poca fuerza y escasez de recorrido le impidió pasar en la muleta. Midió mucho y resultó peligroso. Imposible lucirse. No quedó más remedio que entrar a matar pronto. Su segundo salió suelto en el capote y barbeó tablas. Apretó en el caballo. La poca fuerza, falta de entrega y mínimo desplazamiento impidió obligarlo para dar muletazo completo, permitiendo únicamente medio pase, además blandeó. Lo intentó con ganas por ambos pitones pero la debilidad del astado solo permitió darlos de a uno, cerca de los medios y a media altura. Imposible coger tono.

Juan de Castilla se estiró por verónicas con su primero, sin entrega ni humillación por parte del toro. La primera vara fue corta pero intensa y salió perjudicado. En los medios por el derecho y citando de lejos templó, llevándolo con suavidad en un par de series. Por la izquierda los dio de a uno y salieron con menos acople. Dejó reposar entre series, le bajó la mano por el derecho y, uncido a la muleta, tiró saliendo los muletazos con calidad. Su segundo toro saltó en dos ocasiones al callejón y lo intentó otra más. Con una eficaz brega lo dejó en los medios. Se entregó en un puyazo. Tuvo peligro en banderillas. Inició con la muleta en el centro del ruedo y sin probaturas. Asentado, decidido y bien colocado tiró y templó por ambos pitones, ligando con limpieza y perdiendo pasos para que el poco desplazamiento no perjudicara la continuidad de la serie. Por la izquierda terminó robándole muletazos.

Jesús Enrique Colombo recibió por verónicas a su primero que no terminó de humillar en el capote. Quitó por voluntariosas chicuelinas. Arriesgó en banderillas con un astado que levantaba la cara cuando las colocaba. Unánimemente y con emoción fue aplaudido en la suerte. Brindó al público. Entregado, con la muleta en la derecha citó desde el tercio sin probar y desde la primera tanda exigió al torero, que continuó con un par de series más. Por el izquierdo tuvo menor desplazamiento, había que dejársela en la cara y tirar saliendo los muletazos con menor acople, Bajó el nivel y la conexión con el público, yendo a menos la faena. En su segundo cuatro comprometidos pares colocó en banderillas y aunque en el último se quedó sin salida, afortunadamente no fue empitonado. Complicado, difícil, con genio, sin entrega y escaso recorrido fue en la muleta. Medios pases sin ligazón entre constante peligro impidieron lucimiento, pero el valor, la disposición y lo realizado hicieron meritoria la labor del torero.