Tanda de blogs. Aniversario del homenaje a Manolete

El día 11 de este mes de diciembre, se cumplen 72 años del homenaje, celebrado en Lhardy, en 1944, en el que los intelectuales de la época, agasajaron y glosaron la figura del diestro Manuel Rodríguez Sánchez, “Manolete”. Analicemos el fenómeno del interés de los intelectuales por el toreo. No es un fenómeno nuevo.

El 11 de diciembre de 1944 –han transcurrido 72 años-, como se ha dicho, se reunieron en Madrid, en el histórico restaurante Lhardy, prestigiosos intelectuales para ofrecerle un homenaje a Manolete. Entre los más destacados estaban: Agustín de Foxá, José María Alfaro, Alfredo Marquerie, Adriano del Valle, José María Pemán, Francisco Casares, Samuel Ros y José Vicente Puente alma de la organización del homenaje. Asistieron también, políticos, médicos, abogados de prestigio, pintores, músicos; es decir, una representación completa de la intelectualidad de la época que eran admiradores del torero.
Comentaba José Vicente Puente que en la organización de este homenaje no habían tenido en cuenta el que le dieron a Juan Belmonte en 1913 otra generación de intelectuales. Llevó un mes, aproximadamente, la organización del mismo. Entre los invitados, que en principio estaban en proyecto, figuraba don José María de Cossío, quien declinó la invitación ya que no era partidario del toreo de Manolete, sus razones tendría pero…, el homenaje continuó organizándose pese a esta baja y en nada quedó desmerecido por esa señalada falta.
Se eligió Lhardy, y su salón de la segunda planta, por ser un local con gran tradición, tanto política como taurina y literaria. Llegaron a reunirse en torno a Manolete unas cien personas. José Vicente Puente había pactado con varios de sus compañeros de letras, a los cuales podía acudir Manolete para que le hicieran el discurso dando las gracias, que no lo haría ninguno y que tendría que arreglárselas solo Manolete para agradecer el acto, esperando los organizadores, acudir a la improvisación que Manolete fuera capaz de hacer y así darle una mayor verdad a lo expresado por el diestro, que no tendría más remedio que “quitarse el toro de encima”.
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