El 1 de mayo de 1992 el mundo del toro se tiñó de luto con la muerte en La Maestranza del torero valenciano.
Era la corrida estrella de aquella feria de abril. José María Manzanares, Niño de la Capea y Ortega Cano harían el paseíllo para lidiar toros de Atanasio Fernández. Ambiente de gran gala y las cámaras de Televisión Española retrasmitiendo en directo.
Pero salió el primero de la tarde, de nombre “Cubatisto”, que derribó en la primera vara y quedó medio sin picar, llegando con mucho poder al segundo tercio. Manolo Montolíu se fue al toro y tras clavar, trastabilló y el animal le alcanzó, derribándole y tirando luego un terrible hachazo, atravesándole el pecho de un costado a otro. Le partió el corazón y murió en el acto.
Manolo Montolíu, nombre artístico de Manuel Calvo Bonichón, nació en Valencia el 5 de enero de 1954 en una familia torera y él quiso ser torero desde bien pequeño, actuando en público por primera vez en 1970, en la pedanía valenciana de Benimamet, y debutando con picadores el 29 de julio de 1973 en la plaza gerundense de San Feliu de Guixols. Estuvo en la categoría hasta 1979, trocando el oro por la plata y poniéndose a las órdenes de Vicente Ruiz “El Soro”, de cuya cuadrilla pasó a las de Chavalo, Paco Ojeda y Antoñete, en la que junto a Martín Recio formó una pareja de muchos quilates.
En 1986 tuvo oportunidad de lograr su sueño, y el 2 de marzo, en Castellón, Julio Robles, en presencia de Espartaco, le cedió la muerte del toro “Correcostas”, de Manolo González y le hizo matador.
Pasó con dignidad por Sevilla, confirmó en Madrid en San Isidro del mismo año 1986 y tras tomar parte en nueve corridas, volvió a ser banderillero para lucir en cuadrillas como las de Víctor Mendes, El Soro, Litri y José María Manzanares, a cuyas órdenes se puso, precisamente, para la temporada de 1992. La última.









