Julio Aparicio, en presencia de Antonio Ordóñez, le convirtió en matador de toros en Ronda, el 9 de septiembre de 1960.
Fue en la corrida goyesca de Ronda. Con toros de Atanasio Fernández y con un Ordóñez arrancado y que paseó cuatro orejas, dos rabos y una pata.
Rafael de Paula, hecho a la vera de Belmonte, también triunfó aquel día, pero hubo de esperar hasta 1974 para que su nombre volviese a sonar tras su confirmaciín en la feria de San Isidro de 1974.
A partir de ese momento se suceden episodios de luces y sombras, mucho mas frecuentes estas y de mucha mayor duración, pero su duende permanece y, de tanto en tanto, arrebata con actuaciones más inspiradas que técnicas y con más chispazos que solidez, pero que le convierten en un torero de culto.









