Dos orejas para el torero peruano con una mansa corrida de Victoriano del Río.
Sevilla, 28 de abril.
Duodécimo festejo de abono.
Lleno de “No hay billetes”.
Toros de Victoriano del Río. Encierro desigual en hechuras y manso en líneas generales.
Sebastián Castella, ovación y silencio
Juan Ortega, silencio y silencio.
Andrés Roca Rey, oreja y oreja.
Pepe Ruciero
Foto: Toromedia
Mucho foráneo en Sevilla, otro público de condición diferente al de estos últimos días; fin de semana de puente o acueducto en Madrid, para visitar Sevilla.
Cartel de “no hay billetes” acompañado de un calor sahariano de fondo. La corrida de Victoriano del Rio y Toros de Cortes, tanto monta, monta tanto, dejó mucho que desear, corrida mansa de solemnidad, queriéndose ir del caballo, sin clase, algunos desfondados. El primero de Castella salió con las manos por delante, dio muestras de manso en el caballo, reafirmando en banderilla su búsqueda de las tablas. Destacable José Chacón con el capote llevándolo a una mano hacia un burladero. Castella citó a su primero con hermosos pases genuflexos. Con la muleta adelantada tiró sobre la diestra, con un bello pase de pecho. De nuevo se lució con muletazos muy de cerca ante la huida del animal. Complicada actuación ante el manso. Dejó entero a su segundo en el caballo. Por ayudados por bajo dio apertura a una faena convencido en sacar crédito ante el descastado animal. La reaparición de Castella por Sevilla ha pasando desapercibida con un lote imposible al lucimiento.
Perdió las manos el primero de Juan Ortega, que limitó su lucimiento, sin clase y aplomado. Puso empeño Ortega, pero su toro pedía la muerte, ante el aburrimiento general. Al igual que su segundo, de pelo sardo. De salida no se empleó, defendiéndose ante la insistencia de Ortega de gustarse por veronicas. Se esforzó el trianero y apretó por delante; le dio distancia al de Cortes, era su último cartucho de esta feria, pero no había pólvora, ni bravura en ese toro, que buscaba insistentemente las tablas.
Destacó Sergio Molina haciendo la suerte de la carioca, ante el manso primero de Roca. Ajustado quite de Castella por chicuelina y tafalleras y magnifico Antonio Chacón en banderillas. Despertó la tarde Roca Rey citando de largo sobre la mano derecha. Lo cambió de terrenos sobre el seis e instrumento naturales rematando hasta el final con quietud. Valeroso e insistente, mantuvo al rajado en las distancias cortas. Lo pasaportó de un estoconazo. El público asistente, en su mayoría partidarios, solicitaron la oreja concedida por la presidencia. Era el último de la tarde y la paciencia del respetable con el ganado, estaba al límite, pitos al toro de Roca por su nula entrega con los del castoreño y desarrollando peligro en banderillas, esperando la presa. Por estatuarios, erguido e inmóvil, inició su faena. De nuevo la mano que todo lo mece sacó el recurso donde no lo había, buscandola embestida con la distancia, con muletazos de largo recorrido y mano baja. Se metió en los pitones en el final de su faena, con valor seco puso la plaza en pie. Otra estocada entera y un descabello, dieron lugar a la consecución de pasear otra oreja.









