Las ferias de septiembre, mejor o peor, mantienen la esperanza. Estas ferias sostienen el nivel del toreo y convierten a este mes en el más taurino del año.
Ricardo Díaz-Manresa
Y en primer lugar, Albacete, siempre Albacete, como punta de lanza. Cada año arriba con su imán, su categoría y su buena organización. La feria más larga de España, según su población, que se mantiene temporada tras temporada como ejemplo de lo que debe ser una buena feria. Y por varias razones, desde mucho tiempo atrás:
1/ En Albacete hay mucha afición
2/ Apoyada siempre porque han tenido muchos toreros de la tierra. Han tenido, tienen y tendrán
3/Y arropada por el cinturón de pueblos cuyos habitantes se desplazan cada septiembre a la capital y que consideran la plaza como suya y están muy orgullosos de ella. Y naturalmente pasan por taquilla con alegría.
Y 4/ Además el toro que sale, ejemplo para las plazas de segunda.
Todo ello la convierten en una plaza a la que todos miran.
Mientras tanto, Murcia no acaba de recomponerse y de volver a sus buenos tiempos de mayor número de festejos. (No mantuvo ni la Feria de Primavera). Tiene plaza y población para pesar más en el conjunto nacional.
Salamanca sigue con su tradición y su fuerza, pero no debe perder energías. Pero falta público, que se les fue por precios, falta de categoría de algunos carteles y un monopolio de familias que no está siendo bueno.
A Valladolid le va muy bien haber adelantado las fechas y colocar sus festejos a primeros de mes. Mantiene su tradición y su atractivo aunque un alcalde y un Ayuntamiento nefastos la estén persiguiendo sin piedad.
En Nimes y su septiembre siempre encontramos novedades y este público francés sigue ofreciendo comportamientos y afición para mirarlos con interés. Cada vez, sin embargo, lo vemos con menos exigencias en la concesión de trofeos. Pero siempre con carteles buenos y sorpresas. Y por eso es bastión francés en este momento histórico del toreo.
Y la Guadalajara querida no pierde el paso y está ahí en el calendario anual de septiembre. Hay que tenerla en cuenta.
Lo importante es que unas más y otras menos sostienen el escenario y el corazón del último mes del verano y primero del otoño.
Y al final Logroño, que completa y amplía el panorama.
Todas ellas las mantienen fundamentalmente –y es un detalle básico- los públicos de la tierra lo que hace esperanzador el futuro próximo del toreo.









