Sábado, 10 de septiembre de 2016. Plaza de toros de Utiel. Un tercio de entrada en tarde agradable. Toros de Torreherberos, (1º, 2º y 3º), Torreandilla (4º y 6º), Hermanos Lozano (5º) y El Quiñón para rejones, muy serios por delante y de buen juego. El rejoneador Juan Manuel Munera, saludos tras aviso. José Arcila (pastel y oro), oreja y oreja tras aviso. Alberto Gómez (rosa y oro), saludos y saludos. Román (blanco y oro), dos orejas y oreja tras dos avisos. Entre las cuadrillas David Pacheco estuvo oportuno en quites. Presidió Luis Maicas.
El segundo festejo de la feria taurina de la Virgen del Remedio de Utiel se volvió a celebrar con el habitual buen ambiente en los tendidos, aunque estos registraron una menor asistencia de público que el día anterior.
Un ciclo que, a diferencia de lo sucedido en Requena la semana pasada, ha contado con la presencia en el palco de un usía con preparación y experiencia en otras plazas de mayor responsabilidad, como la de Valencia. Ello se ha notado, no tan sólo en el desarrollo de los festejos, sino también en el antes y en el después de los mismos. Sobre todo, a la hora de las siempre complicadas labores de aprobación de toros, en los sorteos, enchiqueramientos y demás innumerables gestiones que lleva consigo el desarrollo de una corrida de toros. Por ello es bueno que los festejos los presida un, valga la expresión, profesional del tema. Y no un aficionado, al que se le pueden ir las cosas de las manos.
En esta segunda de feria ae lidiaron astados de hasta cuatro hierros. El de El Quiñón de rejones, muy mal arreglado de pitones, resultó manso, áspero y desabrido. No dio facilidades. El primero de lidia ordinaria, terciado y cabezón, peleó con bravura en el caballo recibiendo un fuerte puyazo y tuvo muy buen tranco en banderillas. Fue un toro noble aunque algo apagado, que se quedó corto y acabó parándose pronto.. Terciado, bajito de agujas y bien armado el segundo, quien renegó y se repuchó en varas. Llegó al tercio final con los viajes cortos, distraído, a la defensiva y muy aplomado. También escurrido y descaradito de cuerna el tercero, que recibió un fuerte puyazo. Luego embistió a la muleta con son, aunque sobrado de temperamento y siempre necesitado de la firmeza de manos de su matador.
El veleto y cuajado cuarto, muy aparatoso de cuerna, no resultó fácil. Temperamental y más bravucón que bravo, se salió suelto y distraído de los embroques y, cuando se le sometía, claudicaba. El castaño quinto tuvo muchísimo cuajo y romana.Un zambombo con cerca de seis años que derribó aparatosamente en varas. Se hizo el amo del ruedo durante los dos primeros tercios, pero luego llegó al tercio final con nobleza y una embestida pastueña. Fue un toro imponente por su volumen, su trapío y su edad, que resultó muy aprovechable, aunque hubo que sacarle en todo momento los muletazos uno a uno y a base de ganarle la acción. Y el feo astado que cerró plaza renegó y manseó en el caballo. Fue un ejemplar que resultó soso distraído y que siempre tuvo la tendencia a mansear.
El rejoneador manchego Juan Manuel Munera exhibió una notable cuadra de caballos. Anduvo muy templado en una faena muy estructurada, en la que clavó siempre reunido y arriba. Falló a la hora de matar pero causó una buena impresión. Sobresalió a lomos de Panamá, un caballo nieto de Cagancho de gran expresión y mucha templanza. Tampoco desentonaron Quejío, Deseo y Dàmaso.
Encabezaba el terceto de a pie el torero colombiano José Arcila. Un coletudo ignoto por estos lares, quien lo cierto es que causó una inmejorable impresión. Se le vio como un torero compuesto, con elegancia, buen aire y sobrado de sitio. Manejó las telas con compostura, prestancia y templanza, en una labor pausada y expresiva, por la línea del temple aunque un tanto fría y que coronó con una gran estocada. Y también anduvo suelto y fresco de ideas ante el quinto, en una faena que abrió con pases cambiados en el platillo y en la que anduvo con tanta soltura como firmeza, aguante y lucidez.
El valenciano Alberto Gómez, quien triunfó el año pasado al matar en solitario seis toros en esta misma plaza, apenas tuvo opciones ante su primero, frente al que se justificó a base de exposición y pisar terrenos de compromiso. E hizo el esfuerzo ante el imponente sexto, ante el que se esforzó con sinceridad aunque su trabajo no acabó de coger vuelo.
Por su parte, el también valenciano Román quien está cubriendo una temporada, no muy extensa de contratos, pero con triunfos importantes como los obtenidos en Valencia Madrid y Almería, mostró que su carrera sigue por la línea ascendente. Al rubio coletudo liceísta de Benimaclet se le vio sobrado de carácter, actitud y ambición. Firmó un trasteo tan intenso como despacioso y de fondo a su primero. Muy centrado y dispuesto, brilló por su pureza y temple en el manejo de las telas. Se sobrepuso a una espeluznante cogida y, tremendamente motivado, abrochó su labor con un vibrante y emotivo epílogo, las dos rodillas en tierra, queriendo asegurar el triunfo a sangre y fuego. Mató recibiendo. Y volvería a mostrar su más que positiva evolución frente al séptimo, ante el que interpretó un trabajo de buen oficio, muy paciente y en el que se inventó la faena a base de lucidez, sinceridad y recursos. Se mostró como un torero capaz y que va evolucionando en su técnica y en el oficio. Mató de una estocada volcándose y al final se lo llevaron en volandas por la puerta grande. El torero a más.









