Vuelvo con los libros, y esta vez con uno actualmente descatalogado de la Editorial Espasa, que fue el volumen 55 -he dicho bien, 55 libros- de la colección “La Tauromaquia”, una de las más grandes aportaciones bibliográficas al toreo de todos los tiempos.
Juan Miguel Núñez.
Lástima que desapareciera aquella ingente obra del editor Ricardo López de Uralde, que en sólo nueve años sacó adelante nada menos que 55 libros magníficamente editados. Era cuando se leía o se podía leer de toros, de 1.985 a 1.994.
Ahora es harto difícil, cuanto menos encontrar lecturas, tantas y tan variadas, de una selección de enunciado taurino como aquella “Tauromaquia de Espasa”. Por eso hay que felicitar y agradecer a la Peña “Los de José y Juan” el esmero que ha puesto en rescatar precisamente el libro que cerró aquella ilustre colección de 55 obras.
Hablamos por tanto de una segunda edición de “Salamanca, tierra de toros”, de Juan Carlos Martín Aparicio, reeditado en reconocimiento a su interés en la actualidad de la tauromaquia.
El libro, cuyos mensajes y argumentos están absolutamente vigentes, nos acerca a los orígenes de lo que ha sido la Salamanca taurina, y al tiempo nos da las claves para encarar el futuro, teniendo en cuenta la difícil encrucijada en la que históricamente se desenvuelve la “Fiesta”.
Juan Carlos -querido compañero y maestro en el mundo de la comunicación taurina- es sobre todo ganadero, y, ojo, un apasionado de esa condición, biznieto de uno de los primeros grandes ganaderos de Salamanca, en la segunda mitad del siglo XIX, Juan Manuel Sánchez, popularmente conocido como Juanito Carreros.
Fue aquel Juanito Carreros un individuo de una extraordinaria personalidad; lo que en tierras salmantinas se conoce como charro lígrimo: hombre puro, sano , justo y gallardo… y más cosas, que su biznieto trata de asimilar en su quehacer, su vida y su obra, el más hermoso y considerable legado familiar que mantiene en su finca “Carreros” de Fuente Robles, una ganadería de bravo, ahora de origen Marqués de Domecq.
Martín Aparicio escribió hace más de veinte años “Salamanca, tierra de toros”, donde cuenta, desde la experiencia que ha vivido y vive, la historia del llamado campo charro y su aportación a la Fiesta de los Toros.
Se nota la importancia e influencia del legado familiar que ha recibido mi amigo Juan Carlos entre tantos recuerdos, anécdotas y semblanzas como ha volcado en el libro.
Porque el autor vive inmerso en sus propias experiencias y las de sus mayores a través de las fases que ha tenido la ganadería familiar, como el recuerdo del toro “Yegüero”, cuya cabeza se conserva en “Carreros” y que estoqueó en Salamanca, el 13 de septiembre de 1913, José Gómez “el auténtico Joselito”.
Y hace un brillante y delicioso recorrido histórico citando nombres y apellidos de ilustres ganaderos como los Pérez Tabernero, Sánchez Cobaleda, Trespalacios, Atanasio Fernández, Galache, Sepúlveda y Coquilla, entre otros, por citar sólo a unos cuantos; y toreros, que también los hay en una larga lista, desde Pepe Amorós a Julio Robles, además de periodistas y escritores cuya pluma y magisterio fueron algo envidiable, como José Sánchez Gómez “El Timbalero” o el genial Alfonso Hortal “don Lance”.
En fin, numerosos personajes salmantinos, de hecho o de adopción, desfilan por las páginas de esta “Salamanca, tierra de toros”, de Juan Carlos Martín Aparicio, a la que puso primer prólogo otro charro lígrimo, Antonio Pérez-Tabernero Montalvo, y en la misma, un liminar o preámbulo también de Leopoldo Sánhez-Gil, así como el epílogo de Santiago Martín “El Viti”.
En esta segunda edición de rescate, el prólogo es de Gonzalo Santonja.
Y son estupendos, magistrales, cada uno de los cuatro apoyos literarios que tiene el libro, que yo recomiendo leer o volver a leer. Su lectura es tan formativa como amena.









