Primera de Hogueras. Y no una tarde más. Tal vez un día especial. La reciente muerte de Fandiño y el aniversario, hace un año, del percance gravísimo de Manuel Escribano en las Hogueras del 2016, marcaban la tarde de inicio.
De principio: dos ovaciones, cerradas y sinceras, tras un sepulcral minuto de silencio a la memoria del héroe caído. La ovación mirando al cielo y la ovación con los ojos en la arena, en un Escribano enfundado en azul pavo y oro.
Hubo más, más momentos emotivos. Para orgullo y pasión de la tauromaquia. El brindis de Escribano a los galenos que le salvaron la vida primero, y la pierna después, hace un año. Los que salvaron primero al hombre, y luego al torero. Y otro más, también del sevillano: esta dedicatoria dirigida a Francisco José Palazón, torero alicantino, torero de seda, merecedor de mejor suerte. Palazón, que compartió cartel con Escribano hace un año la tarde en que la sangre del sevillano tintó de rojo la arena alicantina, convalece de una grave enfermedad. Le peor cornada, sin duda, que el joven y educado torero trata de superar con Fe y Esperanza. Porque no fue caridad lo que le ofreció Escribano en el brindis, sino amistad, ánimo y fuerzas para seguir en la lucha diaria contra el mal.
Primera de Hogueras. Y fue como volver a empezar.









