Algemesí, 2 de octubre. Novena y última de feria. Lleno.
Novillos de San Pelayo, bien presentados y manejables.
Mario Pérez Langa, ovación tras aviso y dos orejas.
José María Branco, silencio tras tres avisos y ovación.
Concluyó la Feria de las Novilladas de Algemesí con un festejo de rejones en el que se ha lidiado un encierro de Niño de la Capea con el hierro de San Pelayo, bien presentado y de juego desigual, siendo los de mejor juego los novillos tercero y, sobre todo, cuarto.
Y con ese tercero ha conseguido Mario Pérez Langa convertirse en el triunfador de la tarde, cumpliendo una actuación tan dispuesta como espectacular, vibrante en todo momento y llegando mucho al tendido, sobre todo cuando quebró para banderillear. Su primero, colaborador con todo, embistió más a arreones y la faena no acabó de cuajar.
El portugués José María Branco exhibió un rejoneo clásico y ortodoxo, dejando un primer quehacer bastante intermitente, con mucho tiempo muerto y tardando tanto en descabellar pie a tierra que dio lugar a que sonasen los fatídicos tres aviso y su astado fuese devuelto al corral. Con el que cerró plaza y feria firmó, en cambio, lo mejor de la función, dominando a su oponente en todo momento, entusiasmando al llevarle a dos pistas y clavando siempre arriba y reunido. Pero volvió a fallar con el rejón de muerte y todo su premio quedó en una fuerte ovación.









