Para este viaje no hace falta tanta alforja

Valencia, 13 de mayo. Festejo del Día de la Virgen.

Novillos de Hnos. Sánchez Herrero, bien presentados y manejables en conjunto.

Fernando Beltrán (de esmeralda y oro), silencio con dos avisos y vuelta al ruedo tras otros dos avisos.
Alfonso Cadaval (de pastel y oro), ovación y silencio con aviso.
Carlos Ochoa (de rosa y oro), ovación tras tres avisos y ovación.

Un cuarto de entrada.

La plaza de Valencia volvió a abrir sus puertas tras la feria de fallas. Lo hizo con una novillada que sirve para recordar la tradición taurina en la ciudad de la festividad del Día de la Virgen, patrona de la misma. Una función que fue un cúmulo de despropósitos ya desde que, al finalizar el paseíllo, se guardó un minuto de silencio sin que nadie advirtiese en memoria de quien, si en recuerdo a Palomo Linares, si en homenaje a Granero -cuyo aniversario fue hace unos días- o por el pobre Adrián. Nada. Misterio. Luego la terna actuante desaprovechó un encierro más que apto para el lucimiento. Novillos salmantinos de los Hermanos Sánchez Herrero, muy bien presentados -con cuajo y seriedad sobre todo los tres últimos- y que tuvieron muchas más posibilidades que las vistas por sus matadores. Tampoco las cuadrillas estuvieron especialmente brillantes, lidiando de cualquier manera, banderilleando como pudieron y apuntillando tarde y mal. Un novillo, el tercero, estampó al picador y a su caballo contra la barrera y se cargó un portón. Ese mismo novillo, husmeador y curioso, metió más tarde la cabeza en un burladero y a punto estuvo de no poder sacarla… un novillo que se fue vivo -bueno, moribundo- a los corrales tras escuchar Ochoa los tres avisos, saliendo a saludar a continuación en vez de esconderse en el callejón… Faenas interminables y sin sentido, brindis al público al amparo de las tablas… Y todo en tres horas menos dos minutos. Un metraje excesivo que hizo que mucha gente comenzase a desfilar antes de acabar el festejo.

Abrió plaza Fernando Beltrán, a quien se dio la enésima oportunidad de torear en Valencia y al que correspondió el mejor lote en conjunto. El de Faura dejó un primer trasteo deshilvanado y sin estructura que remató con problemas con el estoque. Tampoco sacó partido del noble y repetidor cuarto, con el que tardó mucho en centrarse para componer otra faena con más envoltorio que contenido y sin definición alguna.

Alfonso Cadaval hizo su presentación y pasó desapercibido. Demostró estar puesto y toreado pero le faltó meterse más con sus oponentes, limitándose las más de las veces a acompañar las embestidas, faltándole seguridad cuando los astados le plantaron cara.

También debutó en esta plaza Carlos Ochoa, que anduvo más decidido y con más desparpajo. Estropeó con las espadas su primera faena a un novillo mansito y rajado, en la que lo más destacable fueron sus ganas, viendo cómo el utrero se iba vivo a los corrales al ser incapaz de acabar con él en el tiempo reglamentario. Volvió a derrochar voluntad con el sexto, con el que se lució al torear de capa pero que con la muleta sólo pudo poner ánimo con otro ejemplar renuente y sin ganas de pelea.

 

Paco Delgado

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…